NO ES TAN FIERO…. por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Ciertamente, aprendemos en cada instante de nuestras vidas. La capacidad de asombro no se agota. Probablemente, cuanta más preparación se pueda tener, mayor es el atractivo por descubrir que nos subyuga. Vivir en el ámbito de un Centro Docente de primer nivel, tiene añadido que es, sumamente gratificante la elevada probabilidad de coincidir con algún compañero profesor o alumno que te inquieta o capta tu atención sobre algo que no pensaste o alguna cosa que no imaginaste o alguna sugerencia sobre algo que no reparaste, o rememoras alguna cosa que en otro momento atendiste, aunque ahora se revela con otros matices que te cautivan. El pálpito de la vida diaria, conferencias que se imparten, coincidencias en ascensores o simplemente preguntas que, al hilo de una clase, se formulan y desencadenan reflexiones capaces de atraer la atención y encaminarte al disfrute intelectual.

 

Con el Profesor Hernández Córdoba me une ese tipo de amistad que no sólo no se olvida, sino que siempre está presta a renovarse. Estudiamos juntos. Hace algún tiempo. Compartimos eso que puede ser decisivo en una vida joven y es el “bocadillo” que una madre (en este caso la suya) suministra, con el ánimo de que se disponga del “fósforo” que precisan las cabezas dedicadas al estudio y no se vean mermadas por el esfuerzo persistente y reiterado de aquéllos que están dispuestos a vivir intensamente el descubrimiento del conocimiento. Nos iniciamos juntos, unimos nuestras vidas a compañeras de los mismos bancos de clase, que también han compartido brillantemente la vida en la Universidad e iniciamos y seguimos la vida universitaria, aunque dedicados a disciplinas diferentes: Química Analítica, él, Química Física, yo. Siempre hemos permanecido cerca. Así nos mantenemos. La última de las aventuras compartidas, ha sido arrancar una Sección Territorial de la Real Sociedad Española de Química. Antes, muchas otras. Pero hay algo que planea cuando nos encontramos o coincidimos, de forma irremediable: la curiosidad científica. El Prof. Hernández Córdoba tiene una virtud añadida, de extraordinario valor y es su entusiasmo por todo lo que tiene que ver con la Ciencia y la convicción de que el disfrute y la diversión son connaturales con el ámbito científico. Ha dado ejemplo de ello en muchas ocasiones. Los alumnos que hoy lo disfrutan, saben bien que su talante cercano, la sugerencia certera, el interés inteligente, estimula la reflexión intelectual. Y eso es una bendición en este universo tecnocratizado que vive nuestra Universidad actual, disimulando bien, sino desviando, del único objetivo de una Universidad: que se genere conocimiento y que se aprenda.

 

Es el profesor Hernández Córdoba quién me ha dado a conocer los detalles de lo que a continuación narro. El trabajo original está firmado por Przygoda, Feldman y Cullen y está publicado en Applied Organometallic Chemistry en 2001, como revisión histórica. La curiosidad por todo lo que se publica es la que hace dar con este tipo de cosas y poder extraer consecuencias de hechos, fácilmente ignorados. Todo el mundo conoce que el arsénico es un elemento químico reconocido como el prototipo del veneno. Hay compuestos más temidos como la estricnina o el cianuro, pero la película que protagonizó Cary Grant y que dirigió Franck Capra en 1944 se tituló Arsenic Old Lace (En España Arsénico por compasión): las hermanas Brewster acaban con la vida de los solteros que sufren de soledad, dándoles a beber vino de bayas, mezclado con arsénico, estricnina y “una pizca de cianuro”. En la película basada en el libro de Umberto Eco, recientemente fallecido, “El nombre de la rosa” no se consideró necesaria ninguna explicación del envenenamiento de los monjes, toda vez que se pronunció la palabra “arsénico”, pero es que en el libro, ni siquiera se menciona el término. No hay duda de que los compuestos de arsénico son muy tóxicos en concentraciones pequeñas y en la forma de óxido de arsénico, polvo blanco, inodoro, poco soluble que se denominó “polvo de la herencia”. Hoy se detecta con facilidad, de forma que los envenenadores necesitan productos más sofisticados.

 

Pero como contrapartida, los productos de arsénico se han usado en medicina, tanto como óxido, como los dos compuestos sulfurosos que se vienen empleando terapéuticamente desde hace más de 2000 años. Del mismo modo, los derivados orgánicos del arsénico, se han usado para combatir la sífilis a principios del siglo pasado, aunque posteriormente se vieron superados por drogas más efectivas y menos tóxicas. Ya en el año 200 a.C. se describe el uso del oropimente, compuesto de arsénico y azufre de color amarillo y textura laminar o fibrosa y brillo anacarado) y el realgar (sulfuro de arsénico natural, en forma de granos entre rojo y anaranjado con brillo resinoso) en libros de medicina china. El óxido se usó en China para combatir la malaria en 1116. La moderna medicina china incluye en torno a 50 drogas que contienen arsénico a concentraciones en torno a 105 microgramos por gramo y las dosis son de 1 gramo de droga. En Occidente Hipócrates y Plinio describen el uso de los sulfuros en medicina. El óxido no fue considerado veneno hasta después de 1110 y hasta recientemente los compuestos de arsénico se han empleado en medicina para tratar gran cantidad de problemas internos y externos. Es muy conocida en medicina la disolución Fowler que contiene un 1% de trióxido de arsénico disuelto en carbonato potásico con un poco de tintura de lavanda para dar apariencia medicinal. La disolución Donovan como triioduro de arsénico o la del tricloruro denominada de Valagin. La de Fowler es la más popular y se mantuvo en la farmacopea británica desde 1809 hasta bastante después de la II guerra mundial. El tratamiento suponía 24 dosis diaria que contabilizaba un total de 0.112 gramos de trióxido de arsénico. Se cifra una dosis fatal para la ingesta por los humanos entre 0.07 g y 0.18 gramos y los síntomas aparecen en minutos u horas, tras la ingestión.

 

En el siglo XVIII se usaba, no exenta de efectos secundarios, para tratar enfermedades de la piel, neuralgias, fiebre intermitente, malaria, afecciones uterinas, sífilis, lumbago, epilepsia, anemia, ulceraciones, etc. Hoy se propone en China el uso del óxido de arsénico y de los sulfuros para tratar la leucemia y otras clases de cáncer. Se prescriben dosis de hasta 10 miligramos diarios durante 45 días, es decir un total de 450 mg para inducir la remisión de la leucemia promeolítica aguda. La ingestión crónica de arsénico en el agua potable se refieren usualmente en China, Taiwan, India, Chile, Argentina, entre otros. En la región del delta del Ganges, hay en torno a 100 millones de personas expuestas a la ingesta de compuestos de arsénico en cantidades astronómicas. En 1988 un estudio de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos concluía que el arsénico se debe incluir en el grupo A de carcinógenos humanos, por vía oral, usado en el tratamiento del cáncer de piel, al tiempo que proponía bajar el nivel máximo de contaminación del agua desde 50 microgramos por litro, fijado en 1945, a 2 microgramos por litro. La organización mundial de la salud lo establece en 10 microgramos por litro. Posteriormente hay evidencias de que la exposición al arsénico causa cáncer de hígado y de vegija.

 

La cuestión es que con este panorama de fondo, que nos transmite un riesgo y amenaza a la vida tiene una cara oculta que de forma muy significativa viene a decirnos con claridad meridiana que “no es tan fiero el león como lo pintan”, que diría el castizo. El contrapunto al carácter maligno de kos compuestos de azufre, en especial al trióxido, lo encontramos en la existencia de “comedores de arsénico” afincados en Styria, una región, ahora perteneciente a Austria, concfertamente cerca de Graz. El hecho se conoce desde mediados del siglo XIX. En 1939 se presentó una Tesis de farmacia en la Universidad de Graz sobre Arsenicofagia, práctica de ingerir arsénico en la comida. Algunos habitantes de las regiones oriental y occidental de Styria adoptaron la práctica de comer arsénico en el siglo XII. Al trióxido de arsénico le llaman arsénico blanco y lo consumen usualmente en porciones de 300-400 miligramos durante periodos de 30 años o más. Hay comedores de arsénico que prefieren consumir la mezcla amarilla, conocida como “oropimente artificial”, que contiene hasta un 90% de trióxido de arsénico, obtenido por fusión del óxido con azufre. Se cree que el consumo de trióxido de arsénico en cantidades letales requiere procedimientos concretos para asegurar no hacer daño. Esa creencia se ha pasado de generación en generación. Las razones que mantienen los comedores de arsénico son: a) realzan la belleza de las mujeres mejorando su cutis, b) facilita la respiración, c) ayuda a la digestión tras comidas pesadas, d) actúa de profiláctico frente a las infecciones, e) incrementa la valentía y f) aumenta la potencia sexual. Cinco razones muy poderosas.

 

El arsénico, como polvo blanco era bien conocido y temido en Europa central. En la epidemia de peste bubónica de los siglos XVII y XVIII los compuestos de arsénico fueron muy populares y económicos y su uso ampliamente generalizado, aunque su uso siempre fue controvertido. Es en el siglo XVII cuando se procede a dar arsénico en la comida a los caballos en el área de Styria. Lograban con ello una mejor apariencia y mejoraban su fortaleza. Ya se había empleado como pócima mágica y en varias curas tildadas de mágicas, aunque se ocultaba, especialmente por la iglesia. La compra ers ilegal, las plagas se consideraban de origen demoníaco y esto provocaba que se practicara la automedicación y que los comedores de arsénico mantuvieran en secreto su hábito, para evitar problemas. Posteriormente la influencia de la iglesia decayó y como consecuencia de varias plagas que sucedieron a la guerra de los treinta años, los comedores de arsénico comenzaron a extenderse en torno a 1700. Si los caballos mejoraban, se podría usar en medicina, fue, quizás la forma de justificar el hábito de comerlo. Una vez que la plaga se supero en Europa, se adoptó la excusa de sus propiedades tónicas. No cabe duda que su empleo entrañaba la dificultad de cómo establecer la dosis apropiada. Los comedores de arsénico de Styria preferían usarlo en forma sólida, arsénico blanco, como trióxido, en lugar de disoluciones, dado que en el sólido se conoce la concentración , es más estable y fiable, por tanto. Su apariencia porcelanea indicaba la pureza. Algo parecido es aplicable al oropimente amarillo. Finalmente, la asimilación del sólido es más lenta y completa.

 

Los comedores de arsénico comenzaban a comer arsénico en pequeñas cantidades, en torno a 10 miligramos, aumentando cada dos o tres días hasta cantidades entre 300-400 miligramos. Sin duda, este régimen permite controlar la dosis de acuerdo con la respuesta que se perciba. Cortan la dosis de arsénico con un cuchillo de una pieza grande y como los cocineros expertos profesionales, a ojo, aciertan con la cantidad correcta a ingerir. Lo suelen ingerir con pan y bacon, ya que la combinación de la grasa con el arsénico reduce la absorción y la acidez de estómago. La forma de operar se ha transmitido de generación en generación secretamente, por lo que es difícil que aparezcan envenenamientos por falta de pericia, ya que sólo los iniciados tienen acceso. Styria demuestra que ¡No es tan fiero el león como lo pintan! Es cuestión de dosis, ah, y todo, incluso la dosis, ¡es relativo!