NEUROTECNOLOGÍA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La preocupación por el avance de la Inteligencia Artificial (IA) no discurre paralela a la ocupación en su desarrollo. No cabe duda de que la IA es una revolución de alcance, que estamos viviendo desde sus comienzos. Máquinas con aptitudes similares a las humanas es el objetivo explícito que se vislumbra como posible y alcanzable. La regulación de los potenciales logros de la IA son escasas y dispersas y, en gran medida, una incógnita. La cuestión de la responsabilidad, tanto civil como de propiedad intelectual es un aspecto central. Pero no lo es menos las cuestiones laborales y los derechos de los usuarios.

EL 16 de febrero de 2017 el Parlamento Europeo adoptó una resolución estableciendo unas recomendaciones para la Comisión, aunque solamente se ocupó de normas de derecho civil en torno a la robótica. La introducción refiere el riesgo de que se supere la capacidad intelectual humana y la necesidad de una definición concreta para robot y para la misma IA. Se desprende la necesidad de una regulación en unas líneas de actuación que proponen: creación de una Agencia Europea de Robótica e IA; necesidad de un código de conducta ético voluntario; regular la responsabilidad de los impactos sociales, ambientales y de salud humana, asociados a la robótica; promulgar reglas por los daños causados por los robots; crear un estatuto de persona electrónica; estudiar modelos de empleo y analizar la viabilidad del actual sistema tributario y social; crear un registro europeo de robots inteligentes. Emergen de esto los Derechos Humanos a establecer como referentes éticos de la robótica: la seguridad, salud, libertad, intimidad, integridad, justicia, dignidad e igualdad. Se trata, en resumen, de que la evolución actual y futura debe estar orientada por un Derecho de los Robots que adapte el Derecho general ya existente y se evolucione hacia un derecho nuevo a partir del Tradicional actual.

No deja de ser curioso que coetáneamente, incluso anterior, como en julio de 2016 se constituye en San Francisco, una empres, Neuralink, liderada por Elon Musk, con unos 100 empleados en 2020, cuyo objeto social es un interfaz cerebro-computadora. Es decir, una empresa nerotecnológica para construir interfases implantables. Al parecer, hoy trata de desarrollar dispositivos encaminados a paliar el sufrimiento de las discapacidades derivadas de desórdenes neurológico, utilizando como método la estimulación directa del cerebro. Esto exige una simbiosis con la IA.

Un objetivo como la construcción de dispositivos para tratar deficiencias cerebrales, que conlleva una mejora de las capacidades humanas, es lo que se ha venido en denominar transhumanismo. La Ciencia ficción se ha ocupado de ello, en concreto del cordón neural  (neural lace) de la serie The Culture de Iain Banks. Ideas que se barajan apuntan a conexiones digitales por encima de la corteza, mediante intervenciones quirúrgicas de no mucha entidad, que posibilitará la simbiosis con la IA. En 2017 ya se han llevado a cabo neuroimplantes, con interfaces cerebro-computadora que no cuentan con más de 256 electrodos y que permiten interpretar señales cerebrales y posibilitan que discapacitados controlen brazos o piernas. Se trata, por tanto, de una filosofía consistente en que, en lugar de activar movimientos propios, actúan sobre otros dispositivos y software externos, compartidos gracias a la banda ancha. Las interfaces están limitadas por la capacidad de las computadoras para tratar la información procedente de un gran número de neuronas. Aumentar el número y estimular a un número creciente de neuronas es el objetivo.

No todo ha sido un camino de rosas en Neuralink y, de hecho, en 2020 solamente quedan dos de los ocho científicos fundadores, debido a conflictos, en gran medida relacionados con la parsimonia que requieren los avances científicos y la visión empresarial que no admite un ritmo lento. Concurren expertos en distintas áreas tales como neurociencia, bioquímica, robótica, matemáticas,  mecánica, entre otras. Llevar un móvil de forma permanente o tener un implante incorporado, no es tan distinto. Ciertamente, corremos el riesgo de que la IA supere las habilidades de la especie humana. Ante este dilema, cabe la reflexión del interés de sistemas de IA externos al humano o lograr una simbiosis del humano con la IA, lo que implica un control de ésta. Una capa de IA sobre la corteza cerebral, como propone Neuralink, podría ser una alternativa razonable. La implantación implica el desarrollo de sondas biocompatibles, de poliamida y cubiertas de una capa de oro, buscando reducir el rechazo de nuestro organismo al tratarlo como cuerpo extraño, conectadas por un robot quirúrgico. Cada sonda está conectada por medio de 48 0 96 canales, cada uno con 32 electrodos independientes, lo que implica la suma entre 1536 y 3072 electrodos. La “comunicación telepática” es una derivada del invento. No obstante, observaciones preliminares han detectado que el cuerpo interpreta las sondas como material extraño y genera crecimiento de tejido para deshacerse de ellas, con la consecuencia de que con el tiempo resultan inservibles. La solución sugerida es un robot que inserte, con una aguja de wolframio-renio, penetrando de forma rápida las meninges y el tejido cerebral, con múltiples sondas con objeto de minimizar los traumatismos que puedan derivar del rechazo. El prototipo desarrollado inserta hasta 6 sondas por minuto, que son 192 electrodos.

Finalmente, un sistema de conversión transforma las señales eléctricas en información representada en código binario. Se ha desarrollado un Circuito Integrado de Aplicación Especifica con un interfaz de grabación de 1536 canales, y la información digitalizada se conduce a través de 256 amplificadores, capaces de ser programados individualmente y se efectúa una conversión analógico digital para convertirla en una señal en serie digitalizada

El punto en que se encuentra el desarrollo es, según anunció Elon Musk, la implantación por primera vez de dispositivos cerebrales en humanos en algún momento de 2022. Requiere contar con la aprobación de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos). En agosto de 2020 se presentó públicamente el proyecto, los implantes y el chip VO.9 que se depositará en la cabeza de los pacientes. Ya han realizado ensayos con cerdos y monos. En 2021 se presentó el experimento con un macaco de nueve años, que manejaba videojuegos solamente usando el cerebro. Avanza la robótica de forma inexorable hacia nuevos escenarios para los que habrá que estar preparados. Lo que viene no se parece mucho a lo que hay.