MÚSICA Y VIDA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

En una circunstancia de catástrofe total, como fue la derrota de Atenas, frente a Esparta en la famosa guerra del Peloponeso, desarrollada en tres fases, la primera de las cuales finalizó en el 421 a.C. con la firma de un tratado, la Paz de Nicias, aunque en el 415 a.C. se rompió con el envío de un contingente ateniense que atacó a Esparta, terminando en desastre, con la desaparición de buena parte del ejército ateniense y paso a la esclavitud de los militares atenienses. Finalmente, en la denominada guerra de Decelia, Esparta con ayuda de los sátrapas persas acabó con la supremacía marítima de Atenas. Fue la derrota atenienses en el rio Egospótamos la que supuso la rendición de Atenas en el 405 a.C. Finalmente, supuso la sustitución de la democracia ateniense por una tiranía Cambió el mapa de la antigua Grecia. El coste económico fue tremendo, sobreviniendo un estado general de pobreza y Atenas jamás volvió a recuperar el esplendor pasado. La sociedad se vio afectada, naturalmente, con un conflicto abierto entre la democracia ateniense y la oligarquía espartana que generalizaron guerras civiles entre otras ciudades simpatizantes de ambos bandos.

En este estado de ruina, la debacle de Atenas impulsó que filósofos, historiadores e intelectuales trataran de analizar qué había ocurrido y cuáles eran las razones del colapso. Platón aventura una propuesta en su libro La República, que lo inicia con una reflexión sobre el origen de lo justo. Se formula el interrogante de por qué la falta de armonía (forma de entender lo justo) provocó la destrucción de “la polis”. Naturalmente no solo razona sobre el origen, sino que propone una salida, formulándose el interrogante de que paso debería ser el primero para reconstruir la comunidad. De ello se desprende, inmediatamente la necesidad de educar a los jóvenes para superar la crisis. En el contexto actual, anotamos mucha similitud, lo que no deja de sorprendernos es los elementos que centraron en su día la reflexión de sobresaliente filósofo. Pero todavía más nos sorprenderá el primer elemento que propone Platón para construir una democracia: la educación musical.

No es complicado aceptar la trama intelectual que desarrolla Platón, para proponer la educación musical como uno de los pilares de la educación, si seguimos su razonamiento: “si la justicia de una ciudad es el reflejo de las personas justas y si la justicia es la armonía, entonces la música es la que introduce y nos familiariza con la armonía y es capaz de lograr arraigo en lo afinado”.. Así pues, la música afinada, coherente y liberadora, fomenta por simpatía el gusto por una familia ordenada, un trabajo ajustad, emociones afinadas, sociedades en las que reina armonía, preferencia por el equilibrio. Interiorizada la música buscamos implantar el orden en otras acciones que permitan construir una sociedad armonía y equilibrada. La música que nos gusta, retrata la armonía que nos satisface.

Hoy, además, la Ciencia aporta razones de peso y profundidad. Cuando se aprende música, por ejemplo piano, se tienen que manejar dos códigos diferentes y simultáneos, como la clave de Sol para la mano derecha y la de fa en cuarta para la mano izquierda, hay que trasladar estos códigos a movimientos de dedos concretos de ambas manos, simultáneamente, que, además tienen que darse en unos tiempos rigurosamente marcadas, de forma que su duración temporal no es nunca arbitraria, además de que hay que conjugar elementos de expresividad (no todos los ejecutantes llegan a emocionarte, aun cuando técnicamente sean extraordinarios) y, finalmente, lo normal es acabar memorizando las piezas musicales para deleitar con una melodía desarrollada en las facetas que el compositor previo cuando la compuso. Todas estas facetas suponen actividad del cerebro en distintas partes ya que la atención está ligada al lóbulo frontal, así como la actividad motora, la integración de las percepciones auditiva y motora, etc. La decodificación hace intervenir al lóbulo temporal, así como la expresividad emocional; la integración sensorial activa el lóbulo parietal y la parte visual ligada a la lectura de la partitura hace entrar en acción al lóbulo occipital. Un sinnúmero de neuronas, modifican sus ramificaciones dendríticas, como se ha constatado en estudios realizados, como aporta Jauset, aportando que incluso se han detectado cambios en zonas no directamente implicadas en el procesamiento musical, como ocurre con la circunvolución denominada giro frontal inferior. Música y lenguaje comparten zonas cerebrales, con lo que es razonable la hipótesis que mejorar el aprendizaje de una de ellas repercute en la otra.

Cuando a un niño se le habla, al principio, no escucha palabras, escucha música. Nacemos musicales, después hablamos. Se ha evidenciado, igualmente, una correlación entre percepción rítmica y habilidades gramaticales. No está demostrado que ningún compositor en particular, como se divulgó hace un tiempo, mejore las capacidades visuoespaciales, aunque si se ha evidenciado que, aunque de forma temporal, escuchar determinadas obras musicales las favorece. La música incrementa la reserva cognitiva y favorece el retardo de la afectación neurodegenerativa y esto supone más y mejor calidad de vida. De ello se concluye que la neuroplasticidad se ve beneficiada, dado que la afectación del aprendizaje musical no solo afecta a áreas específicas relacionadas con la música, sino que se activan áreas cognitiva, verbal, motora y social. Un refuerzo cerebral que contribuye a un mejor desarrollo.

A fuerza de soslayar importantes campos en la instrucción se van diluyendo con el avance del tiempo, aspectos formativos esenciales, para dar paso a aspectos instrumentales, no necesariamente permanentes, que van incrementando el deterioro de las capacidades de los jóvenes y afectan a la calidad de vida de todos. Platón supo verlo en un momento crítico, no estoy demasiado convencido de que hayamos aprendido demasiado de nuestra crisis. No sé si estamos reflexionando sobre lo ocurrido y como salir del aprieto, más allá de adoptar, una vez mas, decisiones convencionales que no son, ni con mucho, ni las precisas, ni las que el largo alcance requeriría.  ¡Ojalá, me equivoque! También en la Universidad, por supuesto.