MUSICA Y CIENCIA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Mucho se ha escrito y se conoce sobre la práctica musical de muchos científicos. En especial es de destacar la relación Matemáticas, Física o Química, entre otros, con la música, que se ha basado, desde tiempo inveterado, en la facilidad y proximidad de métodos, prácticas y escenarios en que se desenvuelven. Claro, que es una relación susceptible de interpretaciones e imputable a características peculiares de algunos personajes. Hay otras vertientes, como veremos que soportan esta relación con mayor rigor y abren una ventana a una relación más próxima, comprometida e inspiradora.

Ciertamente, el manejo del pensamiento complejo es una práctica científica habitual y común en toda teoría científica. La música no solo es capaz de evocar recuerdos o despertar sentimientos, sino también tiene la capacidad de sintonizar o suscitar reacciones físico-emotivas que nos mueven desde momentos de tensión a placidez y viceversa, predisponiéndonos a una percepción selectiva del entorno capaz de conmovernos. Las sensaciones que se suscitan, solamente con la ejecución de melodías pensadas para producir sensaciones concretas, nos hacen recordar los cánones de Bach, como los compuestos en honor de Federico II de Prusia cuando le invitó a su corte, para que probara los piano forte que acababa de adquirir, quizás los primeros que se produjeron, y dióle pie para que compusiera un canon que Bach bautizó con Canon eternamente ascendente, que quedó integrado en la Oferta Musical que fue la obra completa que dedicó a Federico el Grande. El canon eternamente ascendente es una muestra musical del reconocimiento real con una composición que produce la sensación sonora de que asciende constantemente, sin fin. Así de grandiosa concebía Bach la realeza de Federico II de Prusia. Tras efectuar un recorrido a través de quintas: Cm, Gm, Dm, Am, Em, Bm, F#m, C#m, C#m, G#m, D#m A#m E#m, B#m=Cm, llegamos al punto de partida, pero si repetimos se transmite la sensación de que el tono sigue aumentando. Bach fue un maestro de la genialidad que incorporó algo tan matemático y científico, como es la simetría a sus composiciones. Todos los cánones son un ejemplo sonoro de algún tipo de simetría. Por ejemplo, el Canon del Cangrejo,  también incluido en la Ofrenda Musical, que es una pieza compuesta en 1747, con la particularidad de que la pieza se toca normal, pero el acompañamiento es la misma partitura interpretada al revés, es decir, desde el final al principio, siendo un auténtico palíndromo musical, lo que es una analogía musical de la Banda de Möebius, aunque ésta fuera descubierta mucho después,  en 1858, 111 años después, hasta  El canon es una composición musical en la que el mismo tema sirve como melodía y como acompañamiento, que puede dar comienzo un tiempo después de la melodía. En Matemáticas sería una repetición por traslación. Incluso Bach también tiene composiciones que incluyen la autosemejanza, que en opinión de algunos es una forma de música fractal. El Contrapunctus VII es una pieza donde se puede identificar en la partitura las distintas partes que conforman la autosimilaridad. La genialidad de Bach se muestra en las obras de contrapunto y en las fugas. Son auténticas transformaciones geométricas de los temas que introduce de partida: traslaciones, giros y simetrías. Dicho sea de paso, el rigor estructural lo conjugaba espléndidamente brillando en la improvisación. Hay que reconocer que una fuga a seis voces presenta una dificultad alta de ejecución y mucho más si pensamos en la concepción. En el primer compás aparece el tema inicial do, re, mi, fa, re mi, do, sol. En el compás siguiente se repite subiéndolo una quinta: sol, la, si, do, la, si, sol re. Esto se repite muchas veces, a lo largo de la composición, que es una fuga. Todas los grupos de notas  son transposiciones del tema. En páginas web de Internet podemos encontrar muchos ejemplos que ilustran estos aspectos señalados.

Otra vertiente es la asistencia de la música para comprender conceptos difíciles de entender. Rowe en un excelente  editorial recoge unas referencias de científicos que destacaron por sus dotes musicales como compositores y como ejecutantes de piezas musicales. Uno de los primeros casos fue Maxwell que escribió la letra de una canción titulada Rigid Body Sings, que trata del movimiento de dos cuerpos rígidos en el aire. La cuestión es que escribió más de 40 poemas. Gamov también utilizó las canciones para introducir las ideas sobre conceptos físicos complejos, en su libro titulado Mr Tompkins en rústica, que incluye tres arias para cantar por tres eminentes cosmólogos, que bautizó como Opera Cósmica y trata de las teorías del Universo entonces en voga. La primera de las arias fue cantada por Lamaitre y ya trataba del big bang; la segunda por el propio autor y trata de la expansión del Universo y la tercera cantada por Fred Hoyle y trata con la teoría del estado estacionario (esa que profeso Einstein y que le llevó a la formulación de la constante cosmológica, reconocida posteriormente por él mismo, cuando se demostró la expansión del Universo por Hubble, que fue el mayor error que cometió en su vida.  Los textos son una descripción científicamente precisas, en especial la de la teoría del estado estacionario, tal cual la concibieron Hoyle, Bondi y Gold. Hoy no tiene ningún valor. En todos los casos la pretensión es introducir canciones para facilitar la comprensión de los conceptos complejos que tratan de difundir. A título de ejemplo incluimos unos versos de esta última, referida por Rowe,

 

The aging galaxies disperse,

Burn out, and exit from the scene,

But all the while, the universe

it, was, shall ever be, has been,

Stay, O Cosmos, O cosmos,

stay the same !

We the Steady State proclaim!

 

En Química también encontramos iniciativas parecidas. La edición de 1930 de Industrial Engineering Chemistry publicó varias canciones que trataban de aspectos químicos y los autores eran químicos.  Una de ellas lleva por título “I’m going to be a chemist” . Una opereta como “Los Piratas de Perzance”, debida a Gilbert and Sullivan, incluye una canción titulada “The Modern Doctor Chemical”, que comienza así, “I am the very pattern of a modern Doctor Chemical...”. En Medicina, es común encontrar profesionales que usan las canciones para pariodar a sus colegas y sus temas son médicos. Bennett tiene un libro titulado The Best of Medical Humour, que incluye una colección de canciones propias de los conciertos universitarios.

Se da el caso de que, en ocasiones, algún científico ha sorprendido en una conferencia presentando el trabajo en una canción. El ejemplo más carismático fue el de Shapiro, un histólogo que presentó su trabajo en 1977 en una Reunión de la Sociedad de Histoquímica, en Chicago, en una canción que se acompañó de una guitarra. Lo tituló “Fluorescent dyes for differential counts by flow cytometry”. Incluía las partes canónicas de un estudio, con Introducción, metodología, resultados y discusión e incluso agradecimientos. A título de ejemplo, un par de versos que decían “ Blood clles are classified by cell and nuclear shape and size / And texture, and affinity for different types of dyes,” Rowe apunta, que no hay constancia de como fue recibida la presentación por la audiencia. Si es cierto que fue publicada posteriormente por el Journal of Histochem and Cytochemistry.
Todas las obras son inteligentes, humorísticas y parodian en distinta medida aspectos científicos y relacionados íntimamente con ellos. La Universidad de Purdue ha formado un orquesta que integra los conocimientos en matemáticas e ingeniería para perfeccionar la interpretación musical y los rendimientos académicos.

En otro orden de cosas, la música se ha empleado profusamente como terapia, pretendiendo mejorar y/o mantener la salud, tanto física como mental. Muchos aspectos científicos se han intentado describir mediante música. En casos, herencia de la música de las esferas que acuñara Pitágoras, asumiera Platón y nuestros días han corroborado identificando música en el plasma primordial, en los agujeros negros o en todos los cuerpos celestes.

Pero hay un aspecto más audaz de la música, consistente en protagonizar la analogía. En un excelente libro titulado el Jazz de la Física, que la Unidad de Cultura Científica ha patrocinado su lectura y he tenido el honor de servir de guía en su promoción, durante el último medio año, Stephon Alexander, un cosmólogo de primera línea, nos revela y desvela la relación íntima de ha vivido con el jazz y la cosmología, en una armonía capaz de servir de refugio, de inspiración y de motor de desarrollo científico en un campo tan enormemente complejo como es la cosmología. Los problemas planteados con suficiente nivel de complejidad, requieren de un ánimo mental muy particular para encontrar una inspiración sobre su posible resolución. Alexander lo encuentra en el jazz. No en la audición, sino en la ejecución. Una faceta peculiar del jazz, en sus múltiples y variadas versiones: free jazz, swing, bebop, etc. coparticipa de unos momentos de improvisación, que los profanos traducen con frivolidad en momentos de libre aportación, cualquiera que sea la iniciativa, sin reglas o condicionamientos. Nada más lejos de la realidad, por cuanto  en esa compartición musica – ciencia, los grandes ejecutantes conocen muy bien la música, la armonía, el ritmo y han practicado hasta la saciedad las ejecuciones de los grandes músicos de jazz, con lo que saben muy bien lo que pueden o no hacer en un momento dado de inspiración. Saben tanto que como diría Urthu : “Cuando improviso, se muy bien la nota que tengo que tocar a continuación y sabiéndolo muy bien me vienen a la mente muchas otras soluciones. Mientras que cuando no lo se muy bien, son pocas las soluciones que me asaltan” No es más que una reformulación del principio de incertidumbre con las restricciones que corresponden a dos magnitudes conjugadas, tradicionalmente posición y velocidad ( o momento). Cuántica, cuerdas, tienen en común con la música que manejan ondas: ubicuas, superponibles, descomponibles, transportando energía pero no materia. Mucho en común como para tener capacidad de inspirar. La analogía es la herramienta más poderosa para trasladar conceptos, para comprender leyes, para escudriñar y tratar de encontrar solución a problemas complejos. Ahí está la música como fiel compañera, capaz de facilitar ese tránsito.