Multimillonarios por la ciencia por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Si les preguntan que tienen en común Bezos, Gates, Bloomberg, Brin, Zuckerberg o Allen, es probable que les suene que todos ellos son multimillonarios con fortunas superiores a los 30000 millones de dólares. Sí, a mi me pasa lo mismo, no acabo de comprender bien el significado de esa cantidad de dinero. Pero quizá ayude saber que es del orden el producto interior bruto anual de la región de Murcia. Además de poseer inmensas fortunas, también les une que en los últimos años han dedicado una parte, en general pequeña en porcentaje, pero muy significativa en magnitud, a financiar directamente actividades de investigación en los Estados Unidos. Esto ocurre cuando en todo el mundo la financiación gubernamental de la ciencia decrece. En principio, esto parece una buena iniciativa, que para nosotros querríamos en España donde con muy contadas excepciones, los ricos no parecen estar por la labor. En el futuro la tendencia será que los temas en los que se investigue estarán marcados por los intereses personales de unos cuantos individuos con muchísimo dinero. Sin duda se trata de un cambio de paradigma. Durante todo el siglo XX fueron los gobiernos quienes marcaron las prioridades de los temas de investigación. Antes, los científicos trataban de convencer a los políticos del potencial de sus ideas, ahora es cuestión de tener acceso a un multimillonario y la capacidad suficiente de convicción. El impacto de estas donaciones era hasta hace algunos años más bien anecdótico, pero empieza a ser más visible. Nuevos institutos en física teórica, oceanografía, genética, etc… con inversiones de cientos de millones lo demuestran. ¿Algún problema a que esto suceda? Ciertamente no por mi parte, salvo la sana envidia de que no pase aquí. Pero existen voces discrepantes que indican el posible riesgo de que estos centros privados se concentren sólo en las mejores universidades, aumentando aún más la desigualdad con otras áreas. O las dudas de que en todos los casos los temas y los esfuerzos estén correctamente dirigidos, o sean más bien el producto de modas o incluso caprichos. Como en muchos de estos casos los donantes conocen la importancia de la ciencia y la tecnología y son ejemplos de éxito empresarial, pueden cambiar la forma de hacer ciencia, focalizándola en resolver problemas más concretos y ambiciosos. Si a la larga aportan mejoras en la calidad de vida será bueno para todos, más allá de los lavados de conciencia o de impuestos de unos cuantos adinerados