Miedo, virus y comunicación por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico de número

Pasada la oleada de preocupación generada por la presencia del virus Ébola en nuestro país, cabe plantear algunas reflexiones al respecto. Con alguna razón, alguien ha definido a nuestra sociedad como científicamente analfabeta, consideración que se debe, al menos en parte, a que los medios de comunicación no clarifican algunos aspectos científicos que podrían modelar la opinión de la ciudadanía sobre bases sólidas y reales. Con frecuencia, se resaltan matices sensacionalistas dirigidos a una población desinformada, encubriendo a veces la propia ignorancia de los informadores. Así, en los recientes episodios sobre el Ébola en España se pretendió elevar un problema de salud laboral a la categoría de problema de salud pública, pese a que, de hecho, pocas enfermedades infecciosas son más difíciles de transmitir que la producida por este virus hemorrágico. Como se sabe, su transmisión requiere un contacto fácilmente controlable desde el punto de vista epidemiológico. Pese a ello, se llegó a hablar de potenciales epidemias entre la población, convirtiendo así una cuestión de un mero control sanitario en una explosiva mezcla de aspectos médicos, sociológicos y políticos. Finalmente, la evidencia se ha ido imponiendo a la polémica y las verdaderas dimensiones del problema han terminado por encajar en sus justos términos. El virus del Ébola ha causado una decena de miles de muertes en el mundo. Pero cuando esta realidad se analiza en un plano comparativo con otras enfermedades infecciosas de impacto actual, sorprende el llamativo silencio de los medios de comunicación. Tomemos, por ejemplo, otro caso de distribución mayoritariamente tropical. La malaria ha sido, y continúa siendo, uno de los mayores azotes de la humanidad. Afecta a unos 300 millones de personas en todo el mundo y causa más de un millón de muertes al año (frente a los miles del Ébola). Las especies más virulentas del microorganismo causante son resistentes a compuestos que, como la quinina, pueden evitar o tratar la malaria, y los insecticidas son poco eficaces sobre los mosquitos que transmiten la enfermedad. Otras enfermedades, como la tuberculosis, ofrecen panoramas similares de elevada mortalidad y de incidencia superior a la del Ébola. En las últimas décadas, la emergencia de nuevas bacterias, virus y priones en las sociedades desarrolladas ha provocado alarmas similares a las del Ébola en los medios de comunicación, pero conviene no sacar el cuadro del razonable marco de la realidad por convertirlo en noticia.