Metales de las tierras raras (II) por el Prof. Dr. D. Gregorio López López, académico de número

En la columna anterior se expuso la importancia tecnológica actual de los metales de las tierras raras. Hay, sin embargo, algunos aspectos que conviene añadir para que el lector tenga una idea más completa del tema. Son la “parte fea” de este asunto. Aunque hay numerosas reservas de tierras raras repartidas por todo el mundo, son pocas las minas donde se extraen. Para que sean rentables debe haber una alta concentración de estos minerales, pues es complicado separar las tierras raras de otros elementos naturales. Suelen ser minas a cielo abierto y requieren mover grandes cantidades de suelo. Además de ese impacto, hay riesgos medioambientales: para separar los elementos de estos minerales hay que lavarlos con ácidos, lo que da lugar a millones de litros de residuos tóxicos. Otro inconveniente es la radiactividad que pueden aportar el torio y el uranio que suelen contener. Por otra parte, dada la similitud en el comportamiento químico de estos elementos, su separación es difícil y actualmente se consiguen resultados satisfactorios mediante modernas técnicas de extracción con resinas de cambio iónico. Sus aplicaciones tecnológicas hacen que sean estratégicos para todas las naciones que fabrican productos de alta tecnología. La producción mundial de tierras raras está dominada actualmente por China. La situación de monopolio creada por el gigante asiático es motivo de numerosas fricciones con EEUU, Japón y la UE. Los precios de las tierras raras tuvieron un incremento meteórico entre 2009 y 2011, aunque durante 2012 los precios bajaron apreciablemente. A pesar de la bajada relativa, se mantienen en el 500% de los valores de 2009. Por ejemplo, el europio ha llegado a costar 5.000 dólares el kilo frente a un precio de 500 dólares en 2009. Una muestra del poder adquirido por China se dio en el año 2010, cuando decidió suspender la exportación de lantanoides a Japón. El país nipón entró en pánico ante la perspectiva de ver colapsada su industria automotriz (solo el Toyota Prius lleva casi 15 kilos de lantanoides). A principios de 2012 China adoptó una táctica más sutil. Hizo subir el precio internacional de los metales de las tierras raras y mantenerlo bajo en China, obligando así a las empresas de alta tecnología norteamericanas y europeas a radicarse en este país y exponerse al espionaje industrial o hacer su negocio inviable por el elevado coste de las materias primas. El final de esta historia todavía no está escrito.