Matemáticas: filias y fobias por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico de número

Hace unos años, un periódico de tirada nacional insertaba un anuncio a media página con el siguiente texto: “Vampiros, monstruos, brujas, profesores de matemáticas,…Todo lo que da miedo, hoy en Disney Channel. No te pierdas nuestro terrorífico especial de Halloween, hoy 31 de octubre”. Sobra decir que quien escribe y su entorno apenas tardamos unos segundos en denunciar semejante bazofia y exigir su inmediata retirada, cosa que se produjo y jamás se repitió. Nada descubro al afirmar que la Matemática -ciencia deductiva que estudia las propiedades de los entes abstractos, como números, figuras geométricas o símbolos, y sus relaciones- no encuentra demasiados afectos entre el común de los mortales. La pléyade de pseudo-expertos que se ha enseñoreado del mundillo de la educación pronto nos dará mil explicaciones del porqué de tan pertinaz antipatía desde que el discípulo tiene uso de razón. En realidad, solo hay dos razones esenciales. Una, objetiva, es la presunta mala praxis del docente, es decir, alguien comienza odiando las matemáticas excusándose en que se la han explicado mal, con la supuesta desagradable vivencia de difícil reparación. La segunda, subjetiva, tiene que ver con la estructura mental, todavía en formación, del alumno, es decir, de su propio carácter que, aunque balbuciente, empieza a estructurarse y se decanta, o no, hacia el orden, la precisión y el rigor para consigo y su entorno. En un segundo nivel, pero no menos importante, está el ambiente, es decir, las amistades, la familia, los más cercanos. Recordemos que en el inconsciente colectivo hace mucho tiempo que se instaló el triste eslogan “No me hables de matemáticas, yo soy de letras”, amén de esa otra aberración “Las matemáticas no sirven para nada”. Aprender Matemática es tan fácil como cualquier otra disciplina científica o de Historia o Literatura. Eso sí, requiere esfuerzo continuo, disciplina y ejercicio de razonamiento, pero sobre todo no arredrarse ante las dificultades. Un problema debe ser atacado por todos los frentes, con toda la artillería disponible y con tenacidad, sin desfallecer si no se resuelve al primer intento. Y es aquí donde aparece con mayor frecuencia el fracaso. Sin un ápice de triunfalismo, la Matemática es la base de todo el progreso científico y tecnológico, y su abanico de aplicaciones es tan vasto como posiblemente desconocido. La Matemática ha hecho posible todo eso, y mucho más, que hoy resulta imprescindible: internet, telefonía móvil, ecografía, o resonancia magnética nuclear.