¿Más años o mejor calidad de vida? por el Prof. Dr. D. Cecilio Jesús Vidal Moreno, académico de número

El envejecimiento se acompaña de cambios poco perceptibles año a año, pero que acaban produciendo un deterioro en el funcionamiento de órganos, tejidos y células. Estos cambios no sólo debilitan las actividades metabólicas, también afectan a la funcionalidad de los sistemas inmunitario, muscular, locomotor y cognitivo. En humanos, el envejecimiento supone un mayor riesgo de padecer Alzheimer, cáncer y enfermedades cardíacas. Los datos estadísticos nos dirán la esperanza de vida de hombres y mujeres al acabar este año 2015, pero no en qué medida se ha agravado el deterioro funcional de una persona mayor. Tampoco responderán a la pregunta de cuál es la razón de la menor esperanza de vida en los hombres, pese a la idea cada vez más extendida del papel beneficioso que el diálogo de los sistemas hormonal y endocrino juega a favor de la expectativa de vida en la mujer. En el gusano C. elegans, las mutaciones en un solo gen de los cuatro que regulan la respuesta a la insulina, el consumo de alimentos, la síntesis de proteínas o la función mitocondrial prolongan notablemente la vida. Desde luego el animal vive más tiempo, pero cabe preguntarse ¿vive más ‘feliz’ con esas mutaciones? o lo que es lo mismo ¿tiene la longevidad un costo fisiológico? Estudios recientes indican que los gusanos con mutaciones que alargan la vida gozan de buen estado, en general, pero también presentan largos periodos de fragilidad funcional, a juzgar por la falta de movimiento y por la mayor sensibilidad a señales de estrés, como el calor o los agentes oxidantes. Esto sugiere que los animales con mutaciones viven un número mayor de días (en los estados saludable y frágil), pero a cambio aumenta el número de días en estado frágil. Cuando se calculan los periodos de salud buena y frágil en relación con los días totales que vive el animal con algún gen mutado, la proporción de días con salud frágil aumenta notablemente. Los datos revelan que, ciertamente, es posible prolongar la vida del gusano, pero a costa de sacrificar su estado fisiológico. Por otro lado, los ratones en régimen de restricción en la dieta o los deficientes en un factor de crecimiento relacionado con la insulina viven más tiempo, pero a cambio manifiestan retraso en la madurez sexual, menor fertilidad y pérdida de fuerza muscular. Investigaciones en curso tratan de conjugar el difícil binomio longevidad y calidad de vida.