Más allá de la imaginación de Galileo por el Prof. Dr. D. Manuel Hernández Córdoba, académico de número

El extraño comportamiento de Marte en el cielo nocturno, al igual que el de otros astros errantes, se conoce desde hace milenios gracias a las observaciones de astrónomos egipcios, chinos y babilonios, pero fue Galileo Galilei uno de los mayores gigantes de la Ciencia, quien primero observó este planeta con su incipiente telescopio en 1610. Pese a su agudeza mental, y presumiblemente visual, y a la ayuda de los cielos oscuros de la época, poco podía este genio deducir de la observación, ya que sus primeros instrumentos conseguían muy pocos aumentos y la imagen era además defectuosa por los problemas de aberración óptica de las lentes. Su trabajo pionero fue perfeccionado por muchos otros astrónomos conforme la calidad de los instrumentos mejoraba, incluyendo curiosas controversias como las de la existencia de canales en la superficie de Marte.

Nuestro conocimiento del planeta rojo ha sufrido un cambio espectacular en las últimas décadas, pues la moderna ciencia y tecnología ha permitido el lanzamiento de naves que primero tan solo orbitaron el planeta y luego consiguieron posarse en su superficie. La última de estas misiones se debe a la agencia estadounidense NASA (National Aeronautics and Space Administration) que logró situar el explorador marciano Perseverance en la superficie del planeta el 18 de febrero de 2021. Desde entonces, este robot explorador se mueve sobre la superficie marciana obteniendo imágenes y enviando datos de extrema relevancia científica. La instrumentación de la que va provisto para obtener información sobre la composición química, geología, atmósfera, condiciones ambientales y señales de vida es asombrosa y, para orgullo de nuestros investigadores, cuenta con participación española. El módulo incluye asimismo un dron específicamente diseñado para cortos vuelos en la atmósfera marciana.

Entre las tareas del Perseverance se encuentra no solo el examen directo de muestras sino también su almacenamiento en lugares concretos de donde serán recogidas y enviadas a nuestro planeta en próximas misiones. Impresionante. Estos logros van mucho más allá de lo que a primera vista puede parecer y significan extraordinarios progresos que repercuten en avances científicos en nuestro planeta. Estamos tan acostumbrados a los éxitos científicos y técnicos actuales que no les damos la importancia que merecen. ¿Qué sentiría Galileo si conociese estos hechos? Probablemente primero incredulidad y asombro, pero a buen seguro que una mente genial como la suya pronto los asimilaría, y apreciaría mejor que muchos de nosotros el enorme valor que encierran.