Mapas cognitivos y técnica de estudio (I) por el Prof. Dr. D. Luis Puelles López, académico honorario

Llamamos conocimiento a poder explicar y predecir el mundo. Las ideas más recientes sobre la naturaleza del conocimiento adquirido postulan sorprendentemente que el conocimiento no tiene a nivel cerebral una representación verbal. Dicho de otro modo, el conocimiento que desarrolla cada persona a lo largo de su vida aparentemente no consta de registros neurales a base de afirmaciones o frases apuntadas en algún sitio. La duda sobre la supuesta naturaleza verbal del conocimiento obedece al hecho evidente de que también los animales adquieren conocimiento a lo largo de su vida, en mayor o menor grado, sin poseer la facultad del lenguaje. El desarrollo del lenguaje en el hombre se superpone desde hace solamente unos cientos de miles de años a los mecanismos de aprendizaje pre-existentes en los primates. El lenguaje ciertamente potencia la intercomunicación social de lo aprendido, posibilita formulaciones mucho más discriminativas y profundas de la realidad a la que hacemos referencia (llegando al lenguaje científico y lógico-matemático), comunica vivencias subjetivas, y, sobre todo, permite registros externos del conocimiento adquirido, gracias a la escritura. Los animales y el hombre construyen en el cerebro mapas cognitivos más o menos abstractos de la realidad conocida. Hay probablemente millones de mapas discretos en sitios distintos del cerebro, generalmente en forma de redes combinatorias de interconexiones, en las que participan millones de neuronas. Las distintas neuronas o grupos de neuronas muestran múltiples conexiones y correlaciones unas con otras, tal como tienen múltiples relaciones de vecindad o distancia relativas los distintos puntos de un mapa entre sí, o con otros mapas (mapa de carreteras con mapas de población, del clima, o de producción agrícola). Una de esas correlaciones sería con el mapa de los elementos del lenguaje: qué nombre tiene cada punto representado, y qué se puede afirmar verbalmente de cada conjunto de elementos, o de las relaciones implícitas entre un mapa y otro. El cerebro retiene así en forma de complejísimo mapa multidimensional las relaciones detectadas entre los diferentes elementos estáticos o dinámicos de cada situación conocida. Los mapas mentales comienzan imperfectos, pero se pueden mejorar (aumento del conocimiento), haciendo que se parezcan más a la realidad. Pero siempre es mejor un mal mapa que ningún mapa. Mapas obsoletos pueden ser sustituidos por mapas mejores (mapas del mundo esféricos en lugar de planos). Nuestra creatividad intelectual depende de ese juego mental con mapas, mientras que el lenguaje simplemente afina y potencia nuestro juego.