Luz azul: ¿ángel o demonio? por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

La luz visible son ondas electromagnéticas que tienen una longitud de onda de entre unos 0.4 (azul) y 0.7 (rojo) milésimas de milímetro. Otras radiaciones electromagnéticas sólo se diferencian de la luz en el valor de su longitud de onda, mucho más larga en las ondas de radio y miles de veces más pequeña en los rayos X. Como la longitud de onda está relacionada inversamente con la energía de la onda, nadie se esconde de las ondas de radio, que son de poca energía, pero se toman muchas precauciones con los rayos X, ya que al ser más energéticos son claramente dañinos. Próximos a la luz azul, los rayos ultravioletas son invisibles y tienen una longitud de onda menor. Están presentes abundantemente y pueden causar quemaduras en la piel y daños en los ojos. Por eso es una práctica necesaria, y aceptada universalmente, protegerse adecuadamente de la radiación ultravioleta. Pero en los últimos años han aparecido sugerencias de algunos científicos que recomiendan no sólo protegerse del ultravioleta, sino también evitar la luz azul. En este caso no existe el consenso, con dos tendencias enfrentadas sobre si la luz azul nos resulta dañina o por el contrario es necesaria, e incluso beneficiosa. Es conocido que un exceso de luz azul puede dañar nuestra retina. Por ello, el ojo está protegido de manera natural con inteligentes mecanismos de compensación. El cristalino y el pigmento macular son amarillentos, lo que indica que filtran una buena parte de la luz azul que llega al ojo impidiendo que en su totalidad llegue a la retina. Sin embargo hay quien piensa, que se debería “ayudar” al ojo en la tarea de filtrar la luz azul con lentes o lentillas específicas amarillas que eliminaran la mayor parte de azul que llega a la retina. Por oro lado, está bien demostrado que cuando nos encontramos en entornos ricos en luz azul, nuestro ánimo mejora. Por ello en la posición opuesta, hay quien promueve el uso de lámparas especiales con más proporción de luz azul, especialmente en personas de edad avanzada, en las que el cristalino se vuelve más amarillo. No es extraño que muchos lugares de trabajo se iluminen con luz más “blanca”, lo que indica más proporción de azul, para promover la actividad. O que prefiramos iluminaciones más “amarillas”, es decir con menos azul, cuando queremos descansar. ¿Es la luz azul como un “ángel” que nos estimula positivamente o un “demonio” que va dañando silenciosamente nuestra retina? En mi opinión, una protección adecuada al ultravioleta y que nos permita disfrutar de los colores azules sería suficiente.