Los anticuerpos monoclonales, treinta años después por el Prof. Dr. D. Cecilio Jesús Vidal Moreno, académico de número

Cuando se cumplen 30 años de la obtención de anticuerpos monoclonales (MAbs), por César Milstein y Georges Köhler, parece oportuno revisar si se han cumplido las expectativas creadas entonces para la mejora de la salud humana. Por su capacidad para fijarse ávidamente a su molécula objetivo, los MAbs son idóneos para destruir agentes infecciosos, células malignas y proteínas aberrantes. Desde luego, los MAbs han facilitado los ensayos para asignar el grupo sanguíneo, detectar un embarazo, diagnosticar el cáncer, distinguir distintas leucemias y descubrir la causa de numerosas dolencias. Con su ayuda, pronto se dispondrá de pruebas para la detección precoz del Parkinson, el mal de Alzheimer, la diabetes tipo II y otras patologías. Sin embargo, los MAbs no han satisfecho las esperanzas depositadas sobre su utilidad terapéutica, debido a la eficiencia del sistema inmunológico. Como los MAbs se obtienen de células de ratón, son reconocidos como extraños por el sistema inmunitario humano, y rápidamente destruidos. Para engañar a las células inmunes de los enfermos, se intentó “humanizar” los MAbs, construyendo moléculas híbridas con la estructura básica de los anticuerpos humanos y las regiones de reconocimiento de los anticuerpos de ratón. La estrategia no logró eliminar totalmente la reacción inmune. El paso siguiente fue convertir los ratones en fábricas de anticuerpos humanos. El “XenoMouse” es un ratón transgénico en el que los genes para los anticuerpos de ratón han sido sustituidos por genes humanos. Con este nuevo enfoque, se han producido varios MAbs que destruyen células malignas o las implicadas en procesos inflamatorios. Las pruebas clínicas preceptivas para el tratamiento de la esclerosis múltiple, artritis reumatoide, linfomas, leucemias y tumores diversos están muy avanzadas, y más de 200 anticuerpos “humanos” generados en ratón están en desarrollo. Aunque los anticuerpos terapéuticos han mejorado su eficacia y reducido su toxicidad, persisten los efectos adversos. Además, el éxito de su aplicación es desigual, porque no todos los pacientes responden del mismo modo. Por otro lado, la incapacidad de los MAbs para entrar en las células impide su acceso a proteínas del interior celular. Para superar el problema, se trabaja ahora en la producción de proteínas híbridas conteniendo el MAb contra la proteína objetivo y un transportador que facilite su entrada en la célula. Treinta años después de su descubrimiento durante una investigación básica sin utilidad práctica aparente, los MAbs se han convertido en instrumentos clave para la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades.