LÍMITES por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Es un anhelo, al parecer, incorporar la tecnología en todas las facetas de la vida humana. No es ocioso recordar que la Ciencia tiene por objeto desentrañar cómo ocurren los procesos. No tiene limitación en cuanto el campo a analizar, siempre y cuando los presupuestos del método científico sean aplicables: repetibilidad y falsabilidad. No todas las denominadas Ciencias pueden satisfacer estos requerimientos, por tanto. La Naturaleza es el escenario especialmente cualificado para su ámbito de aplicación. La Técnica, por el contrario, pretende modificar la Naturaleza a favor nuestro. Modifica la Naturaleza para hacerla asequible. La Tecnología toma el conocimiento acumulado por la Ciencia y plasma, concreta, desarrolla, la Técnica, en aras de un mejor provecho y progreso de los humanos.

Con demasiada frecuencia, desde los ámbitos tecnológicos han pretendido suplantar a los otros dos. Cambiar el mundo ha sido pretensión de muchos tecnólogos muchas veces. En la década de los sesenta del siglo pasado, Control Data, una empresa hoy desaparecida que, en su día fabricó los ordenadores Cray (en honor de su dueño) más rápidos y grandes del mercado del cálculo científico y que propició el proyecto PLATO, por el que pretendía instruir a toda América Latina sustituyendo los profesores (gran problema, hoy todavía no superado)  por ordenadores. Empleó millones de dólares y nunca logró el más mínimo avance de la supuesta ventaja que sería el prescindir de los profesores y llegar a lugares donde no los tenían. Con un montón de años por en medio, el hoy todavía líder de Facebook, Mark Zuckerberg, pretendió, de nuevo, cambiar el mundo. El resultado ha sido que los estudiantes de un pequeño pueblo de Kansas, McPherson se levantaron contra el modelo que propiciaba, acompañados de sus padres, que iniciaron acciones tomando la Iglesia del pueblo y la escuela, como referencias inexcusables para un eco asegurado, portando pancartas en las que se podía leer que no querían más Summit Learning, que es la denominación que Zuckerberg dio al proyecto.

El presupuesto de partida fue que cada estudiante iría a su ritmo y sería el piloto de su propio aprendizaje. Con ello se acabarían las aburridas clases magistrales y cada uno acomodaría a su gusto el ritmo de aprendizaje. No era, una vez más, mas que la firme expresión de teorías conductuales, en ausencia de consideración de procesos cognitivos y en donde lo básico es la idea de que los intereses son los capaces de guiar apropiadamente el avance en la incorporación de conocimientos y desarrollo de habilidades. La motivación se supone que parte del sujeto del aprendizaje y las acciones externas se toman como meros estorbos que se deben superar. Claro, que unos presupuestos de esta índole, en tiempos anteriores podían considerarse conjeturas irrealizables por no disponer de los recursos necesarios, materiales también.  Se requieren recursos para poder formular la hipótesis de que las necesidades e intereses individuales son la guía adecuada para el avance en la formación. Pero ahora, la tecnología permitía, según Zuckerberg que, tanto estudiantes como maestros diseñaran planes de estudio auténticamente personales y que en el seguimiento del progreso, son ellos los apropiados para realizarlo y que los materiales que requieren los tienen accesibles a través de la tecnología, también.

Zuckerberg quedó fascinado cuando asistió a una escuela en el SIlicoy Valley que practicaba el aprendízaje autodirigido y desarrolló una plataforma para acometer su implantación. Aplicó el modelo en 380 escuelas, alcanzando hasta 74.000 estudiantes, desde California a Nueva York. La idea sustentaba que la tecnología se adapta a los alumnos y los profesores tienen más tiempo libre para “guiar” a los estudiantes. La cosa es que tanto padres como estudiantes reclamaron volver al método tradicional de pizarra y libros de texto.

Andar con ordenadores todo el día, supone, también, dejar de tener contacto con los compañeros y con los profesores. Al final, todo consistía en permanecer demasiadas horas sentado frente a un ordenador, con una dosis de aburrimiento in crescendo y un sistema de control para el avance demasiado fácil, que se traduce de forma generalizada en que no aprenden demasiado hoy y no se están preparando para los exámenes de grado. Por otro lado, las referencias automáticas a textos, incluyendo prensa diaria, resultaba inapropiado en ocasiones, a juicio de los padres. En Wiscosim, firmaron la petición de quitar el modelo hasta 300 padres. Incluso la propia vinculación entre el modelo educativo y Zuckerberg, líder del gigante tecnológico Facebook, se interpretaba desfavorable. La privacidad no se ha revelado como algo respetable en la compañía y queda la sospecha de que la derivada del proyecto educativo podría seguir la misma pauta. Otros problemas derivaban de fallos en el sistema que permitía avanzar sin seguridad de haber asimilado lo necesario que, en casos, se reflejaba en que no se podía responder la respuesta correcta, por fallo, y esto generaba ansiedad en el alumno.

Al final y como resumen, la clave está en que no hay pruebas científicas que garanticen la eficacia del modelo. Al contrario, las pruebas realizadas por el Centro de Estudios de Resultados Educativos de la Universidad de Stanford no encontraron mejoras significativas en Matemáticas o en Lectura. No hay evidencias de que los modelos de aprendizaje personalizado supongan mejoras. Son muchas las variables a analizar y todo depende de muchas circunstancias. Resulta atractivo que cada uno vaya a su ritmo, pero faltan evidencias de cómo lograr que se obtengan ventajas comparativas con los procedimientos convencionales. Sigue siendo válido que libertad en el aprendizaje es positivo, pero dentro de unos límites y la guía limita, pero garantiza el avance. No hemos avanzado mucho, la verdad. Seguimos actuando por impulsos y no se someten las hipótesis al método científico que supuestamente practicamos.