Lenguas clásicas y Ciencia por el Prof. Dr. D. Manuel Hernández Córdoba, académico de número

Ácido, alelo, alergia, ánodo, antígeno, apogeo, argón, automóvil, bacilo, barómetro, catálisis, cátodo, centímetro, centrífuga, dinamita, dinosaurio, electrolisis, enzima, epidermis, fluorescencia, fósforo, fotón, gameto, genoma, geografía, geología, geometría, helicóptero, helio, hidrógeno, kilómetro, kriptón, linfa, litiasis, misil, morfina, neón, núcleo, oxígeno, parásito, patógeno, perihelio, poliedro, proteína, radón, semáforo, submarino, trigonometría, vitamina, xenón.

Los anteriores cincuenta términos son tan solo una pequeña muestra de los muchos con origen en el griego o latín que se usan habitualmente en Ciencia. Durante siglos se han otorgado nombres con origen en estas lenguas a la mayoría de los conceptos o descubrimientos científicos. Así, al producto aislado por vez primera por un alquimista al calentar orina con arena en su búsqueda incesante de la piedra filosofal, puesto que brillaba en la oscuridad sin quemarse, se le dio un nombre derivado del griego que significa “portador de luz”, el mismo con el que se llamaba al planeta Venus cuando se manifiesta como estrella matutina. Hoy sabemos que se trata del fósforo, sonora y preciosa palabra que designa al elemento químico que ocupa la decimoquinta posición en el sistema periódico.  Cuando se descubrieron los gases nobles recibieron nombres, también con origen griego, que describían alguna particularidad de su presencia o comportamiento, como helio (por su presencia en la atmósfera solar), argón (poco activo), xenón (extraño) o kriptón (oculto). Michael Faraday, científico de gran relevancia en la Ciencia del siglo XIX, también recurrió al griego en sus estudios, denominando “electrodos” a los materiales conductores que se usaban para provocar la “electrolisis”, con los descriptivos nombres de “ánodo” y “cátodo” para diferenciar las vías de entrada y salida de la carga. Estos y muchos otros ejemplos en campos diversos de la Ciencia reflejan que lo que entendemos como lenguas clásicas, fundamentalmente latín y griego, están en la esencia misma del saber y de nuestra cultura. Hoy en día, cuando se produce un avance suele recurrirse para denominarlo a términos derivados de otra lengua, muy usada, pero de distinta raíz. Es difícil sustraerse a esta tendencia porque el mundo ha cambiado, el contexto socioeconómico es bien diferente y la “lingua franca” actual que se emplea mayoritariamente para la comunicación es otra. Los grandes pensadores y científicos han conocido y apreciado durante siglos las lenguas clásicas, pero hoy en día las hemos marginado. Será una consecuencia del inevitable paso del tiempo pero, en todo caso, es una pena.