Lecciones de la historia por el Prof. Dr. D. Vicente Vicente García, académico de número

Hace unos días tuvo lugar la apertura del curso 2020 de las Academias Científicas y Culturales de la Región de Murcia. Dado que mi profesión recae en el estudio de las enfermedades de la sangre, opté por impartir la lección inaugural con un tema trasversal, abordable por todos los presentes, pese a las muy distintas áreas de las siete Academias. La lección fue “Sangre viva y elocuente: lecciones de la historia”. Desde tiempos prehistóricos la sangre ha mantenido una fascinación en todas las civilizaciones y culturas. Se le fue otorgando un poder simbólico difícil de igualar, puesto que se le consideró esencia y fuente de vida. No han existido diferencias entre culturas, pues tanto en textos antiguos chinos, como en la Biblia, en el Talmud Babilónico o en la cultura griega, romana o azteca, hay una coincidencia: a la sangre se le conceden cualidades mágicas e implicaciones religiosas.

La contribución del estudio de la sangre a lo largo de la historia al desarrollo de la Medicina ha sido espectacular, pues este fluido vehiculiza células y proteínas de muy fácil acceso a través de una simple punción venosa. La lección propició un viaje en el tiempo comprobando cómo se han ido sucediendo conceptos y novedades para interpretar realidades biológicas y enfermedades de la sangre. No nos podemos detener en esas consideraciones, pues no hay espacio para ello, pero si quisiera plasmar, aunque sea telegráficamente, algunas de las lecciones que nos enseña la historia con la observación de los cambios sucedidos.

La primera lección aprendida es que el camino del progreso en ciencia es cualquier cosa menos rectilíneo. Un concepto, aunque parezca plausible y adecuado al conocimiento dominante en una época, no tiene por qué ser correcto. En definitiva, un hecho que fue considerado una verdad inamovible, puede que hoy no lo sea y mañana esa verdad puede ser también diferente. En ciencia la biología siempre supera a la imaginación.

La historia nos enseña que muchos son los que miran, pero muy pocos los que ven. Solamente personas excepcionales son capaces de reconocer manifestaciones inusuales. La serendipia ha tenido una influencia determinante en muchos logros, ha sido rozada y toqueteada por muchos, pero su correcta interpretación ha estado al alcance de muy pocos, pero coincidente con los que tienen imaginación, energía y tenacidad para mantener la búsqueda de una respuesta adecuada.

La tecnología es muy importante, pero sigue siendo crucial la aplicación del sentido científico en su uso. Son otras muchas más cuestiones aprendidas, pero la que posiblemente destaca sobre el resto es la que debemos tener presente todos los que nos acercamos al mundo de la ciencia, debemos ser humildes, y a los jóvenes que se inician en investigación debemos enseñarles a que cultiven con generosidad el escepticismo.