Las hormonas sexuales femeninas potencian la inmunidad por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

Las estadísticas nos indican que las mujeres tienen una mayor expectativa de vida que los hombres y esto se cumple en todas las culturas y países, evidenciando que se ha de deber a las diferencias biológicas existentes entre ambos sexos. Al tratar de descubrir las bases de este hecho se encuentran diferencias significativas en dos sistemas fundamentales del ser humano, como son el endocrino y el inmunológico y esto ha sido conocido desde hace tiempo. Las mujeres poseen dos cromosomas X y en estos cromosomas residen genes que expresan proteínas tan importantes para el sistema inmunológico como los receptores de tipo Toll, receptores para citoquinas, factores reguladores de transcripción y traducción y genes implicados la actividad de células inmunológicas T y B, Sin embrago, el cromosoma Y de los hombres codifica un cierto número genes que expresan proteínas relacionadas con la inflamación. El poseer dos alelos de genes residentes en cromosomas X da una ventaja considerable a las mujeres facilitando una maquinaria inmunológica con mayor capacidad de adaptación durante la respuesta innata.

Lo novedoso es la observación de que estos dos sistemas tienen más interacciones de las que se creían. Existen pruebas muy bien fundadas de que las hormonas sexuales femeninas influyen sobre la etiopatología de muchas enfermedades infecciosas, tales como gripe o neumonía. Algunas de estas enfermedades tienen mucha mayor incidencia en hombres de edad avanzada que en mujeres del mismo rango de edad, ocasionando mayor morbilidad y mortalidad en hombres. Se ha observado que las vacunas contra algunas de estas enfermedades despiertan una mayor respuesta humoral en mujeres, proporcionando por tanto, una mayor inmunidad. En otras palabras, las mujeres son privilegiadas desde el punto de vista inmunológico. Las principales hormonas sexuales esteroideas ocasionan efectos opuestos sobre las células responsables de la inmunidad, tanto de los sistemas adaptativos (inmunidad adquirida) como innatos (naturales), de forma que el estradiol, que es una hormona femenina es la que más potencia la inmunidad, mientras que la testosterona, que es una hormona masculina, disminuye la inmunidad. Ahora bien, los niveles de hormonas sexuales disminuyen con la edad y en concreto hay un descenso de estradiol, lo que potencia la inmunosenescencia, aumentándose los riesgos de enfermedades infecciosas en mujeres postmenopáusicas. Desde este punto de vista sería por tanto ventajosa la intervención que busque el mantenimiento de ciertos niveles hormonales en estas mujeres.

En resumen, contra el típico dicho de que el femenino es el sexo débil, lo que se comenta aquí indica que no es oro todo lo que reluce.