La vida y el miedo al agua por el Prof. Dr. D. Miguel Ángel De la Rosa Acosta, académico correspondiente

Uno de los pilares básicos en la estrategia de búsqueda de vida extraterreste es el agua. Sin el líquido elemento es imposible la vida tal y como la conocemos en el planeta Tierra: el agua es condición sine qua non para la existencia de organismos vivos. Por ello, las exploraciones del espacio exterior –incluyendo las misiones tripuladas a Marte y la Luna, así como el envío de sondas a distancias mucho mayores y, sobre todo, las potentes técnicas espectroscópicas de alcance interestelar– persiguen, entre otros objetivos principales, la detección de agua como indicador de la existencia de vida, aunque sea microscópica.

El agua, de hecho, es el componente mayoritario de todo ser vivo, desde una simple célula con autonomía funcional y reproductora, como puedan ser las bacterias, al organismo pluricelular más complejo y evolucionado, como el hombre, o de mayor tamaño, como la ballena u otrora los dinosaurios. El contenido en agua del cuerpo humano, por ejemplo, es del orden del setenta por ciento, estando constituido el treinta por ciento restante por una inmensa variedad de biomoléculas, como las proteínas, ácidos nucleicos, lípidos, azúcares, etcétera.

Resulta paradójico, sin embargo, que el efecto hidrófobo –es decir, el miedo o rechazo al agua– rija las interacciones biomoleculares que gobiernan el metabolismo celular y, por ende, el funcionamiento de los seres vivos. Si antes decíamos que sin agua no hay vida, asimismo podemos decir que sin estructura no hay función. Y la amplia diversidad de estructuras moleculares complejas que realizan infinidad de funciones aún más complejas en los seres vivos están gobernadas por el agua; en concreto, por la repulsión del agua. Así, la tendencia de los aminoácidos hidrófobos a protegerse del agua hace que las cadenas polipeptídicas se plieguen y adopten conformaciones tridimensionales específicas; es decir, los aminoácidos hidrófobos se disponen en el interior de la proteína plegada en su conformación activa para evitar el agua, en tanto los aminoácidos hidrófilos quedan expuestos en la superficie. De igual modo, las moléculas de lípidos conforman las membranas biológicas haciendo que sus cadenas alifáticas se protejan entre sí y solo queden expuestas al agua las cabezas polares. Sin agua, por tanto, las cadenas polipeptídicas no se plegarían, los lípidos no constituirían membranas, y el ADN no conformaría la famosa doble hélice.

No cabe duda del papel directo del agua en procesos metabólicos esenciales, como la fotosíntesis y la respiración, pero nuestro alto contenido en agua se debe a su papel indirecto en la conformación estructural de las biomoléculas. El agua vendría a ser el “escenario” sobre el que tiene lugar el increíble baile de las moléculas de la vida… huyendo del agua.