LA TECNOLOGÍA EN EL FUTURO LABORAL Y PERSONAL por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Seguramente, nunca nos hemos visto en la tesitura actual respecto a las cosas que se deben atender desde el sistema educativo, porque forman parte de los requisitos que se formulan para ejercer los derechos como persona y configurar seres libres, iguales y justos. Parece, que este debe ser nuestro mayor y principal objetivo como personas. Por supuesto que, el nivel superior de educación ejercido, en su parte mas importante, por las Universidades Públicas, está incluido en este horizonte en el que debiera desenvolverse el presente y futuro de las personas.

No está nunca claro, cada vez menos, el futuro por donde progresará, pero se ofrecen indicios en los que la Ciencia y la Tecnología juegan un papel importante, si no decisivo. No cabe duda de que la alfabetización no tiene hoy las mismas limitaciones que antaño, ni tampoco los requerimientos de esa alfabetización son los mismos que en otros momentos. Probablemente, hemos olvidado la importancia de la primera alfabetización, la que trajo de la mano la imprenta, un avance tecnológico que revolvió el estatus operante y expandió la información, la comunicación, fomentó la creatividad y, en suma, popularizó la cultura y dio a conocer la diversidad.  Desde la publicación de la Biblia de 42 líneas de Gutenberg en 1542, ha llovido mucho, aunque no seamos conscientes de ello. La segunda alfabetización, traída de la mano del ordenador, no parece haber cumplido su objetivo, por cuanto la sociedad se ha autolimitado a que sus miembros sean usuarios, solamente, con lo que hoy somos vulnerables, estamos expuestos a las exigencias de grupos de interés y no conocemos las entrañas ni mínimamente: eso que se denomina algoritmo, que no es otra cosa que una mezcla de estrategia y de instrucciones operativas para resolver un problema, pero que incluye ideología y conlleva consecuencias que, al no conocer sus entrañas, ni visualizamos ni somos conscientes de sus implicaciones. El “saber hacer” concreta en casi todos los casos la algoritmia de resolución de problemas. Subir una escalera, conlleva hacer operar un algoritmo, consistente, como explicaría Cortázar, con mucha gracia, por cierto, en disponer un pie levantado a que pise un escalón, procurando que nunca estén los dos pies en el aire, y tras el avance de uno de los pies, haremos lo propio con el otro, para de nuevo abordar el siguiente peldaño, hasta culminar la escalera, es decir, que tras un numero finito de pasos accedemos a culminar la escalera. Alguien nos enseñó a caminar, primero, y una vez logrado el equilibrio, accedimos a ejecutar el algoritmo de subida de escaleras. A partir de aquí, cualquiera de las actividades que desarrollamos obedece a algún algoritmo para resolver el caso. Unas veces es eficaz, otras veces, requiere mejoras. Resolver una integral numéricamente, requiere un algoritmo para ello, probablemente mas sofisticado, más abstracto, pero igualmente finito, para resolver el caso. Pero, si estos casos evidencian que conocemos y usamos los algoritmos, no es evidente el que subyace en esa amable y siempre dispuesta Alexia o SIri, de nuestro teléfono móvil, capaz de identificar lo que solicitamos y proporcionarlo gentilmente: ¿Cómo opera? ¿cómo se entera de lo que le pedimos?, etc. Ni que decir tiene que, cuando no solo se trata de manejar datos, ni siquiera información, sino desarrollar conocimiento, las cosas son mas comprometidas. La conducción automática incluye resolver ambigüedades, situaciones problemáticas, complicaciones surgidas que, en el caso de estar gobernada por un humano, damos por descontado que dispone de una capa ética que no le permite tomar determinadas decisiones que perjudiquen a un ser humano, al menos, ¿Cómo se logra esto en una conducción autónoma? Los interrogantes son numerosos.

Parece evidente que hay que educar en tecnología, tanto en el nivel personal como el laboral. Las tecnologías son el subsuelo en el que nos desenvolvemos y parece de todo punto que, por el nivel de implicación que tiene en nuestras vidas, que desde niños deben tener contacto con la tecnología, tanto como usuarios conscientes como creadores de la misma. Se suele atribuir a la velocidad de incorporación de las tecnologías a la sociedad, la justificación de que los adultos no dispongan de una formación en las mismas. Desgraciadamente, para muchos la tecnología se ha concretado en sustituir los libros por pantallas y desterrar el lápiz y no puede consistir en eso. Hoy parece evidente que hay necesidad de formar y entender las plataformas y herramientas de manejo de la información y el conocimiento, simplemente con objeto de ser usuarios conscientes de las herramientas que manejan. Enseñar a pensar, crear y adquirir habilidades y capacidades para la resolución de problemas, son aspectos que las nuevas tecnologías conllevan estructuralmente.

La robótica, consiste en automatizar procesos que, propios de los humanos, ahora se confiere su control a máquinas, a las que se otorga capacidad de decisión. Es un elemento de primer nivel para fomentar la creatividad. Ingenio y prueba y error se ponen en juego en la preparativa de los sistemas. Son elementos educativos de primer nivel. Los adolescentes deberían acceder a la programación, que es la forma de acercarse a los ordenadores de una forma consciente y reflexiva. No se trata de que todo el mundo se dedique profesionalmente a la programación de ordenadores o sistemas de información, sí que disponga de elementos para valorar en su justa medida las posibilidades de un ordenador. Cuando se tantea una trompeta, se aprende a valorar lo que se puede lograr con ella en la mano y la boca. No se trata de tocar la trompeta, pero si una maquina como el ordenador que pudiera emularla. Pasar de jugar a crear no tiene fronteras establecidas, no presenta fronteras y si que ayuda en cualquier futuro profesional.

De la misma forma que en su momento, siglo XIX, se establecieron los sistemas educativos, con objeto de proporcionar la formación en los aspectos que la industria exigía para su desarrollo, ahora en estos momentos parece obedecer a los valores STEM, que es el acrónimo de Science, Technology, Engineering and Mathematics. Es una integración de las ciencias en un enfoque de enseñanza basado en la interdisciplinaridad y aplicabilidad de los conocimientos de Ciencias y Matemáticas. Sin entrar en otras consideraciones, que las tiene, desde la UE se considera que es una necesidad la formación de técnicos y graduados en áreas científicas para el futuro. El número de graduados y técnicos especialistas en éstas disciplinas resulta insuficiente para las necesidades de las empresas. Algo parecido a lo que impulsóo el sistema educativo en el siglo XIX. La Comisión Europea dedica gran cantidad de recursos para lograr integrar la STEM en las aulas preuniversitarias.

En España no necesariamente estamos preparados en este potencial. No sirve sustituir libros por tabletas o tener anaqueles llenos de elementos de robótica, sin saber qué hacer con ellos. Hay que ayudar a los docentes para que puedan usarlos de forma eficaz. Siempre ha sido la piedra de toque la asistencia y reconocimiento del trabajo de los profesores. En la década de los ochenta el Ministerio de Educación articuló el denominado Proyecto Atenea: lástima que no perseverara en su generalización. Entendía que los docentes requerían asistencia para iniciar la llegada de los ordenadores a las aulas. La incorporación de la tecnología a las aulas no puede ser un problema ni que se hagan las mismas cosas que antes, porque en ese caso, solamente se asegura que será una actividad más cara. Las tecnologías permiten llegar a alumnos hoy inaccesibles por otros medios.

Oro aspecto de interés radica en los aspectos laborales y su relación con la preparación tecnológica. Los grandes retos, desde la hiperconexión con el 5G, la ciberseguridad, la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje de las máquinas (machine learning) la robótica, y las necesidades que la transformación digital va a necesitar de aquí a 2030 y 2050, es una realidad del mercado laboral español en el escenario de empleo tecnológico. Algunos ven en este mercado una falta de aliciente en España, incluso en casos se vaticina la generación de desempleo numeroso. Por el contrario, el Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI) de la Comisión Europea acredita que el porcentaje de graduados en Tecnologías de la Información y la Comunicación superan el 4,2%, que está por encima de la media europea que solo es de un 3,9% y nos sitúa por delante de Francia (3,6%), Países Bajos (3,1%), Suiza (2,7%) o Italia (1,3%). Una cifra de referencia es que en nuestro país se crean anualmente en torno a 56.000 puestos de trabajo digital (32.317 de nivel universitario y otros 23.578 de FP).  En opinión de algunos, hay un desfase en el sistema universitario español en el número de plazas disponibles para cursar estudios tecnológicos en concreto en la demanda de plazas para de estudiantes de nuevo ingreso. Los rectores de las Universidades reconocen una caída de un 30% en las matriculaciones de carácter tecnológico, desde el año 2000. Esto pudiera interrumpir la formación para los que vienen desde niños siendo educados en tecnología. Son pérdidas comparables a la pérdida por la fuga de cerebros por no tener nuestro sistema empresarial capacidad de retención del talento, sin duda por la falta de oferte e empleo digno, con remuneración apropiada y con perspectivas de mejora.

Un uso consciente, creativo y crítico de las tecnologías digitales es imprescindible en un escenario de uso racional de la tecnología. No se trata de un elemento conflictivo, salvo que se desentienda y desatienda y todo acabe en preocupación sin ocupación.  Se requiere propuestas sugerentes y significativas para los discentes de todos los niveles educativos, que deben ser cómodas de usar por el profesorado y deben estar incardinadas en el desarrollo curricular. Es la forma en que desde la propia motivación se desarrollen experiencias satisfactorias en una alfabetización digital o tecnológica que nos haga usuarios conscientes de las implicaciones de la tecnología, al tiempo que partícipes de un progreso en el que no podemos conformarnos con ser usuarios ignorantes del alcance de la tecnología. Es lo que toca en estos tiempos, como un elemento más de la ciudadanía.