La sal ¿de la vida? por la Prof. Dra. Dª. María Ángeles Esteban Abad, académica de número

La sal de mesa es un nutriente esencial que antaño valía su peso en oro y ayudó al desarrollo de civilizaciones porque permitía conservar los alimentos durante largas temporadas (inviernos, travesías). Actualmente, su precio es muy bajo y su consumo se ha disparado. Aunque todos los organismos vivos necesitan sal para vivir, en exceso es dañina y se asocia a un mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial, infarto de miocardio, derrame cerebral, cáncer de estómago y osteosporosis.

Muchas células se ven perjudicadas por el aumento de sal en nuestra dieta porque la sal ingerida pasa del tracto digestivo al torrente sanguíneo y va extrayendo agua (por ósmosis) de las células cercanas y, como consecuencia, aumenta el volumen sanguíneo y la presión interna de los vasos sanguíneos. Lo que ocurre en las células es que se encogen, su contenido se torna más denso y algunos componentes se dañan ralentizando numerosas funciones intracelulares. Aunque los riñones trabajan para reestablecer los niveles de sal en sangre no siempre pueden eliminar todo el exceso eficazmente. Por ejemplo, se ha demostrado que los ratones acumulan sal en la piel.

Los microscopios actuales permiten ver con detalle los cambios intracelulares inducidos por la sal en células vivas y demuestran que la entrada o salida del agua es mucho más rápida que la recuperación de las funciones celulares. El exceso de sal paraliza a las células y si se alarga en el tiempo se vuelve tóxico. Se ha demostrado también que las células pueden adaptarse a la sal elevada en dieta, pero, para no sufrir efectos negativos han de importan sal, lo que permite que agua extracelular pueda entrar a ellas. Sin embargo, este exceso de sal intracelular también perjudica su funcionamiento.

En la actualidad, se investiga en este gran dilema formado por la sal y el agua tanto dentro como fuera de las células humanas. Parece que se podría paliar activando mecanismos que bombean lentamente el exceso de sal fuera de la célula. Se trabaja en sustitutos de la sal que son más biocompatibles, que no tienen carga y que llamamos osmolitos. Comprender el equilibrio de la sal a nivel celular y molecular ayudará a entender mejor el funcionamiento de las células, en general, y a conocer aspectos útiles de las enfermedades relacionadas con la sal que posibiliten desarrollar nuevas estrategias para combatirlas.