La oscuridad perdida por el Prof. Dr. D. Juan Antonio Madrid Pérez, académico de número

Si nada lo impide, en un par de años, una nueva «luna» orbitará la Tierra. Para ahorrar en farolas, la ciudad china de Chengdu será iluminada con un enorme espejo, que a modo de luna, proyectará la luz solar sobre un círculo de 80 km de diámetro. Su luz, con una intensidad ocho veces más potente que nuestra luna llena, estará presente durante las 365 noches del año y se podrá divisar en toda China.

En los últimos años, la industrialización y la urbanización han sido beneficiosas para la prosperidad y la salud de las personas, pero también han introducido nuevas amenazas para la vida silvestre y los seres humanos. Los disruptores endocrinos ambientales, presentes en plásticos, pesticidas y herbicidas, han merecido una preocupación creciente; sin embargo, nos hemos olvidado de un disruptor endocrino de primer orden, el exceso de luz durante la noche.

La sucesión del día y la noche ha sido el ciclo ambiental más preciso que ha conocido la vida desde su aparición hace 3.700 millones de años. La gran estabilidad de este ciclo favoreció que la luz y la oscuridad fuesen seleccionados por los organismos para poner en hora sus relojes y calendarios biológicos. Pero hace poco más de un siglo, que con la invención de la luz eléctrica, la oscuridad de la noche se ha visto reducida a su mínima expresión. Cuando la oscuridad se pierde, también lo hace la melatonina, una hormona producida por la glándula pineal. La melatonina es conocida como la «oscuridad química», por cuanto es la señal que comunica, a todas las células de nuestro cuerpo, que ha llegado la noche. Sin embargo, el exceso de luz nocturna, al inhibir la producción de esta hormona, nos priva de sus efectos antioxidantes, oncostáticos, inmunomoduladores y promotores del sueño.

Además de funcionar como un reloj diario, la mayoría de los organismos utilizan los niveles de melatonina como un indicador de la duración de la noche, lo que les ayuda a programar un sinfín de ritmos anuales como la floración, migraciones, hibernación o reproducción. Al robarles la oscuridad también les estamos privando de su principal calendario.

Esperemos que, finalmente, la cordura se imponga y no avancemos más en esta insensata carrera que está acabando con la oscuridad, hasta el punto de que la luz nocturna nos haga perder también la visión de nuestra Luna, al igual que ya ha ocurrido en nuestras ciudades con la visión de las estrellas.