LA NECESIDAD DE LA INVESTIGACIÓN AGRARIA por el Prof. Dr. D. Antonio Cerdá Cerdá, académico de número

La investigación agraria ha contribuido de un modo notable al desarrollo socioeconómico de la humanidad, basado en gran medida en el aumento y estabilización de los productos alimentarios y no alimentarios. En el futuro, el sector primario tendrá que satisfacer la demanda global de alimentos, que sólo se podrá conseguir si se dobla la superficie de cultivo o la productividad. En los países desarrollados, el sector agrario ha de orientar su enfoque, meramente productivista, hacia unos procesos que, respetuosos con el entorno, logren alimentos sabrosos, sanos y naturales, y sean, al mismo tiempo, competitivos en el escenario de la globalización. Otra característica de la actividad agrícola en el futuro será su competencia con productos similares procedentes de países menos desarrollados y, por tanto, con costes laborales más bajos, contando además con menos ayudas de la UE y una mayor exigencia en los aspectos que repercutan en la salud pública. Todo ello configura un contexto en el que prácticamente la única alternativa pasa por invertir en I+D, ya que la investigación científica es la verdadera propulsora del avance y futuro desarrollo. Esto permitirá innovar y aumentar nuestra tecnología, disminuir costes y  seguir aumentando la capacidad competitiva de nuestro país.

La investigación agraria tendrá que desarrollar sistemas productivos que mejoren el manejo del suelo, agua  y medio ambiente, de modo que impidan la erosión y mantengan la capacidad productiva de los suelos, y un aprovechamiento y conservación óptima del agua. Asimismo, tendrá especial incidencia en todo lo referente a la biología, bioquímica y genoma  de las plantas, las interacciones entre la planta y el medio y  la transformación y mejora genética para obtener plantas que aumenten la productividad y mantengan la biodiversidad.

Toda esta investigación tiene que compatibilizar y complementar la investigación básica con la aplicada. Las líneas prioritarias, tanto de los planes nacionales como autonómicos, tienen que reflejar los verdaderos problemas del sector agrario. Los investigadores tienen a su vez que ser capaces de transferir los resultados al sector. Finalmente, si lo que pretendemos es resolver un problema, es siempre más conveniente abordarlo por equipos multidisciplinares con presencia de agrónomos, genetistas, mejoradotes clásicos, fisiólogos, bioquímicos, biotecnólogos, edafólogos y matemáticos, que por investigadores a título individual. Ello implica una reflexión acerca de la evaluación de los proyectos, que habría que medirla más por la transferencia al sector que por el impacto científico de las publicaciones.