La nave Venus por el Prof. Dr. D. Rafael Arana Castillo, académico numerario

El planeta Venus, o estrella de la mañana, es muy parecido a la Tierra en tamaño, masa, densidad y volumen, pero en realidad es muy diferente. Carece de agua y está envuelto por una densa atmósfera de anhídrido carbónico, con una presión atmosférica 92 veces superior a la terrestre, un enorme efecto invernadero y una temperatura superficial de unos 482º C, lo que hace inviable la existencia de vida. Equipos muy sofisticados han obtenido excelentes imágenes de Venus en las cuatro misiones de mayor éxito (naves de la NASA y las rusas Venera), que demostrado una gran actividad volcánica sobre el 85 % de su superficie, con algunas calderas de más de 100 km. de diámetro. Para conocer mejor a nuestro vecino, la Agencia Espacial Europea, con un presupuesto de unos 220 millones de euros, lanzó desde Baikonur (Kazajistán), el pasado 9 de noviembre, la nave Venus Express para un viaje de 400 millones de km., que culminó el pasado 7 de mayo al alcanzar su órbita operacional definitiva. Los principales objetivos científicos son estudiar la atmósfera, el medio de plasma y la superficie de Venus, así como las interacciones superficie-atmósfera. A bordo de la nave van una docena de sofisticados equipos de investigación para detallar la cartografía del planeta y con sus sensores (sensibles desde el infrarrojo al ultravioleta), la nave analizará la atmósfera venusiana y su dinámica, pese a lo cual surgirán nuevas incógnitas que justificarán nuevos viajes. La misión, prorrogable según los resultados, durará unos 500 días terrestres (2 días venusianos) y está controlada desde la base de la agencia en Darmstat (Alemania). Son tres las fases pricipales del lanzamiento. La primera, y más difícil, era colocar el satélite en la órbita de Venus para llegar al campo gravitatorio del planeta, algo que se logró con precisión matemática. La segunda fase fue la captura real de la nave, tras el encendido del motor principal, lo que ocurrió en la mañana del pasado 11 de abril. La tercera fase consistía en recuperar todas las funciones de la nave, iniciar las comunicaciones con la Tierra y enviar información. Todo ello se está logrando de forma óptima en un ambicioso proyecto donde participa España y del que se esperan importantes resultados científicos que de forma indirecta podemos aplicar en parte a nuestro planeta. Es un ejemplo más de la importancia de la investigación, sustentada en este caso por una avanzadísima tecnología.