LA NATURALEZA NO DICE, SUSURRA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Vivimos momentos complicados para la Ciencia. En casi todos los discursos de los dirigentes se incluye la referencia inexcusable a la innovación, pero lo primero de lo que prescinden las empresas, organizaciones y corporaciones (aunque haya honrosas super-excepciones) es de las divisiones de I+D y para qué decir si son de I+D+i, las fulminan. Las instancias oficiales no andan a la zaga y reducen en primer lugar los recursos para investigación en un claro alarde de negación del futuro. Y esta actitud ciega, pacata y pueblerina, contrasta con las voces más autorizadas que justamente reclaman imaginación, redoble de esfuerzos de investigación y apelan a la inteligencia y creatividad de los portadores de materia gris, que en estos momentos deben redoblar sus esfuerzos. Así lo acaban de hacer los premios Nobel de Física, Química y Economía, reunidos en Estocolmo: APUESTAN POR MEJORAR LA CIENCIA BÁSICA. El argumento es muy comprensible: “es la herramienta clave para cualquier país que quiera alcanzar la excelencia en investigación”. Es la Ciencia Básica la que permite inventar cosas que antes no existían, afirmó Brian Schmidt, uno de los tres Nobel de Física de este año. En su día muchos se preguntaron para qué servía la teoría de la relatividad de Einstein y hoy día es imprescindible, afirmó Dan Shechtman, último premio Nobel de Química por su trabajo sobre los cuasicristales. La apuesta de todos es que, incluso, antes que la Ciencia lo fundamental es la buena educación en las primeras etapas, que hay que mejorar para asegurar un futuro mejor. Y en estas, me viene a la memoria una de las figuras excelsas de la Ciencia con mayúscula, como fue el neozelandés Enrst Rhutherford, que diseñó uno de los experimentos más brillantes del siglo XX descubriendo el núcleo atómico. Reunió elegancia, ambición científica, tesón e inteligencia en grados suficientes como para no sólo acreditarse como Nobel, sino luchar por garantizar los mismos derechos a las mujeres que a los hombres en la Universidad, eliminar la censura gubernamental en la radio nacional, la BBC, solicitar más becas de investigación para los jóvenes, promover centros de investigación y confesarse anti-fascista activo, también con España. Hoy reposa en Westminster. Se dice de él que “no prestaba tanta atención a lo que la Naturaleza decía, sino a lo que susurraba”.