LA MARCA CIENCIA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Resulta, cuando menos curioso, el uso y abuso que se practica de la referencia ciencia, científico y adjetivaciones que lo incluyen. En demasiadas ocasiones, generalmente relacionadas con la medicina, se habla con demasiada ligereza de sociedades científicas que amparan “científicamente…” cuando se quiere acreditar alguna propuesta y se le estampa la vitola de científica. Pero la etiqueta científica tiene mayores exigencias.

Se confunde, por otra parte, Ciencia con quienes practican ésta. No es lo mismo, en ningún caso. Los científicos contribuyen al desarrollo de la Ciencia. Forman parte de un colectivo que voluntariamente dedica tiempo y esfuerzo para que la Ciencia progrese. Sus aportaciones la hacen crecer. Pero su actividad tiene reglas de conducta inapelables desde el punto y hora que solamente la veracidad de lo que describen descansa en las observaciones o hipótesis que formulan. Hay una clara separación entre hechos e interpretaciones de éstos. Los primeros solamente deben estar sujetos a la veraz descripción detallada que se hace de ellos. Las interpretaciones son libres Las conclusiones, por tanto, pueden ser certeras o equivocadas. Los caminos por los que se llega a las distintas variantes descansan desde la precipitación en la interpretación de los datos, hasta la serendipia o la casualidad en la conducta asociada a la obtención de las tesis. Pero el cuerpo de conocimiento que la Ciencia va acumulando es un libro abierto y sin final escrito, en ningún caso. Cualquier mejora, reinterpretación o luz que pueda emerger de cualquier nueva aportación es susceptible de desplazar a otra anterior, por muy bien establecida que estuviera. Esto es lo que hace que el avance científico sea inexpugnable.

No obstante, los vericuetos que en algunos casos emplean científicos deficientes que anteponen intereses espurios, se hacen notar en muchas ocasiones, también. Pero los mecanismos de la Ciencia aportan tal grado de seguridad al sistema científico, que es muy difícil ver progresar falsedades, propuestas dudosas o resultados erróneos o mal fundamentados. Es de suponer que el mal empleo se da, pero su existencia es efímera. Vamos a introducir un caso, recientemente acontecido, en el que la talla científica y de honestidad intelectual es un ejemplo de conducta científica impecable, que contribuye de forma decisiva a la marca Ciencia.

Hace más de un año que tuvo lugar la detección de las ondas gravitacionales, lo que supuso un acontecimiento muy singular para la comprensión del Universo, en la que anda la Humanidad enfrascada desde hace mucho tiempo. El 11 de febrero de 2016 tuvo lugar una conferencia de prensa organizada por la NSF (National Scientific Foundation) norteamericana, como principal agencia financiera del evento que reconocía la extensa colaboración internacional que había involucrado a más de un millar de científicos e ingenieros para lograr el éxito que se había alcanzado con la detección de las ondas gravitacionales. Pero si bien esto ocurría en febrero de 2016, mucho antes, en septiembre de 2015 es cuando había tenido lugar la detección, concretamente el día 14 de septiembre. Por tanto, el equipo de trabajo había efectuado un tiempo de análisis de cinco meses, antes de dar a conocer públicamente el logro. Simultáneamente publicaron un trabajo en una revista científica. La colaboración de muchas instituciones en proyectos de elevada envergadura, hacen imprescindible la comunicación una vez contrastados los resultados, porque no hay que ocultar que se rinde cuenta y se otorga credibilidad de esta forma a la actividad científica.

No obstante, hay casos esporádicamente en que, aun así, se llevan a cabo anuncios precipitados o con carencias de contrastación. Un ejemplo lo tenemos en el proyecto asociado al telescopio de microondas BICEP2., ubicado en el Polo Sur, cuyos investigadores dijeron haber registrado las ondas gravitacionales correspondientes a los primeros signos registrables del Big Bang, acontecidos hace 13.800 millones de años. En el experimento se registra la radiación de fondo de microondas, es decir, el ruido de fondo que dejó el Big Bang en forma de partículas que siguen pululando por el Universo. La radiación de fondo que detecta comenzó a producirse cuando el Universo tenía 300.000 o 400.000 años ya que, antes de este momento, el Universo era oscuro, pues no había luz. Fue la inflación acaecida al tiempo 10^(-35) segundos tras el Big Banga, fue la inflación la que generó las primeras ondas gravitacionales, de las que han quedado huellas. La señal es sumamente débil, pero sigue llegando a la Tierra constantemente.  Los investigadores dijeron haber detectado un cambio de polarización de esa radiación de microondas que provienen del origen del Universo, es decir, habían detectado la orientación de las partículas. Concretamente calificaron la polarización encontrada como B, que solamente puede atribuirse a modificaciones que han sufrido las partículas al recorrer el enorme camino que les separaba de la Tierra y que los cambios observados se debían a la interacción con las ondas gravitacionales. Algo parecido a lo que ocurre con las ondas superficiales que se producen en un estanque cuando alguien tira una piedra. Los científicos del BICEP2 llegaban más lejos al afirmar que el tipo de polarización detectada solo podía proceder de un tipo concreto de onda gravitacional, muy débil y antigua, formada cuando tuvo lugar la inflación que es lo que supuso un crecimiento desmesurado del Universo que se cifra en 70 órdenes de magnitud y, además, aconteció en fracciones de segundo. La señal que detectaron en el proyecto BICEP2 que medía, como decimos, el fondo de microondas del Cosmos a una única frecuencia y en una parte restringida del cielo, lo convirtieron en la primera evidencia directa de la Inflación del Universo. Eludieron contactar con los científicos del proyecto PLANCK, que es una misión de la ESA (Agencia Europea del Espacio) que arrancó en 2009 y que está efectuando y registrando un barrido del Fondo de microondas del Universo, pero sobre toda la extensión del cielo y a un gran número de frecuencias, con una precisión sin precedentes. Además, se daba la circunstancia de que PLANCK, también registra la polarización del fondo de microondas del universo. A diferencia de BICEP2, tanto PLANCK, como LIGO o VIRGO, que todos son proyectos de colaboración internacionales que mantienen un sistema severo de revisión interna que garantiza los resultados que anuncia.

 

Sucedió que, tres meses después de que se anunciara el proyecto BICEP2 se publicó el primer trabajo revisado por pares, como usualmente acontece en Ciencia. Pero incluía una nota que decía que “amplias discusiones del borrador habían tenido lugar en la comunidad cosmológica”. De hecho, dudas aparecieron y se expresaron aportaciones sobre el significado de los resultados que ofrecían. Miembros del proyecto PLANCK enfrascados con el problema, sugirieron llevar a cabo un análisis conjunto. Y de este modo, un artículo firmado por colabores de ambos proyectos, PLANCK y BICEP2 clarificaron que el significado de los datos de BICEP2 era “demasiado poco para ser interpretados como una detección de los modos B primordiales”. Es decir, que se ponía en seria duda de que pudiera afirmarse a partir de las observaciones del proyecto BICEP2 que había evidencia de la inflación cósmica.

 

Esta es la gran aportación a la Ciencia y a la Marca Ciencia que nos debe alegrar y tranquilizar a propios y extraños, al mostrarnos cómo la Ciencia tiene resortes de garantía para asegurar la veracidad y que por complicado, lejano y distante que sea el campo de conocimiento, el mecanismo acaba evidenciando cual es el progreso cuando se da. La etiqueta Ciencia lleva, al final, a tomar en consideración los mejores datos de las más competentes observaciones y rectificar, cuando es preciso, porque la evidencia es un condicionante del avance científico. Todo ello aporta credibilidad a la Ciencia y referencia honorable de la marca Ciencia.