LA JAROSITA DE MARTE

Por Rafael Arana Rodríguez, académico numerario

Marte es uno de los planetas que mayor interés ha despertado en la comunidad científica y en la literatura de ciencia-ficción; de hecho, sus dos pequeños satélites (Phobos y Deimos) aparecen citados por Jonathan Swift en la novela Los viajes de Gulliver 150 años antes de su descubrimiento real.

La  jarosita es un sulfato hidratado de hierro y potasio descubierta en 1852 en el barranco Jaroso de Sierra Almagrera y uno de los principales minerales de alteración en los distritos mineros de Mazarrón y Sierra de Cartagena. Su presencia es un signo inequívoco de la existencia de agua libre aunque el proceso de formación puede ser bastante complejo. El descubrimiento de la jarosita de Marte, acompañada de magnetita y silicato de hierro se dio a conocer por Steven Squyres, científico de la NASA, el pasado 2 de marzo tras los múltiples análisis realizados por el robot Opportunity en sedimentos del cráter del Meridiani Planum y se ha considerado como uno de los descubrimientos más importantes en Geología Planetaria.

El robot gemelo, el Spirit, situado en el cráter Gusev en el otro extremo del planeta, trata de encontrar indicios de la existencia de agua libre en numerosas estructuras e, indirectamente de algunas pistas sobre formas primitivas de vida. En este sentido conviene citar el plan MARTE (Mars Analog Research and Technology Experiment) desarrollado en Riotinto (Huelva) por la NASA y el Centro Español de Astrobiología con un presupuesto para 3 años de 5 millones de dólares para investigar la presencia de microorganismos en el subsuelo y las condiciones de vida en condiciones de extrema acidez (el pH es de 2.3 en la mayor parte del río). Se ha confirmado la existencia de bacterias que obtienen su aporte energético del hierro y minerales asociados (óxidos y sulfuros), algo que ahora se espera descubrir en Marte, particularmente tras el hallazgo de la jarosita.

Es evidente que si ha existido vida en este planeta ha debido ser en formas muy primitivas ya que su atmósfera de CO2 y las fuertes oscilaciones térmicas impiden la existencia de organismos superiores. Aún así, toda la controversia planteada en los noventa tras el hallazgo del meteorito marciano de Allan Hills en la Antártida sobre la presencia de formas primitivas de vida (material orgánico con hidrocarburos aromáticos policíclicos y bacterias productoras de cristales orientados de magnetita), no ha podido ser confirmada totalmente como de origen marciano sino más bien producidos por contaminación terrestre. Por ello, seguiremos esperando nuevos datos en un futuro no lejano.