LA DIRECCIÓN DEL PROGRESO por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Ocurre en muchas instalaciones de ascensor en edificios que, cuando presionas el botón del piso al que pretendes acceder, pasas a formar parte del sistema. La IA nos incorpora a ese sistema, ascensor, edificio, mundo, que supone la conexión a una globalidad en la que la realidad evidencia que la IA ya está por todas partes. Así es, aunque muchas veces no lo percibimos.

La evolución del mundo desde la era de la industrialización, en la que se viene repitiendo que la Humanidad constantemente trata de encontrar una tecnología, escalarla y provocar una revolución tecnológica tras otra. Sucesivamente: mecanización, automatización y digitalización apuntan, irremisiblemente, a conceder un lugar privilegiado a la tecnología. No obstante, no es lo mismo focalizar la tecnología que el cambio tecnológico. Escalar la tecnología requiere muchas otras cosas que la puramente tecnológica. La educación es fundamental. La evolución hacia el cambio tecnológico requiere generaciones de pensadores críticos y emprendedores críticos, lo que es un trabajo colaborativo y colectivo, en todo caso. La enseñanza, la investigación y el compromiso tecnológico y social, están tras las cuestiones relevantes y la resolución de problemas. Hoy, con la Inteligencia Artificial, está ocurriendo eso. No es un desarrollo simple, y requiere el asentamiento de unas bases sólidas que impulsen la evolución.

La dirección del progreso, no es fácil de establecer, ni siquiera intuir. Hay que reunir factores culturales, tecnológicos, de conocimiento y ecológico. El sistema de regadío de la huerta de Murcia es un excelente escenario para entender las características de la evolución. En primer lugar, es un sistema viejo, muy viejo, estructurado en tiempo de los árabes en la península, en tiempos de Abderramán II. Tiene una longevidad notable y su escala es increíble, si pensamos que su extensión se estima en 952 km2 y ocupa la comarca natural que se corresponde con las tierras regadas por el río Segura y su red de canalizaciones que comienzan en el azud llamado Azud Mayor o Contraparada y finaliza en el límite de la Región de Murcia con la Vega baja, ya perteneciente a la Comunidad Valenciana. Posee, por tanto, una longevidad notable y una escala increíble. Por si fuera poco, la red arterial de canales que se inicia en el Azud Mayor de la que emergen dos grandes acequias, las denominadas del Norte o Aljufía y de Mediodía o Alquibla y otro canal que es la de Churra la Nueva, que alcanza hasta Monteagudo. De cada una de ellas se van distribuyendo acequias menores, que son cauces menores que a su vez se dividen en otros denominados hijuelas y luego brazales y acaban en otras arterias menores todavía, denominadas regaderas que alcanzan los últimos bancales de la vega del Segura. Un sistema que implica un escalado a nivel, nada menos que de la Vega en su totalidad. Pero no estaría diseñado ecológicamente si supusiera un esquilmado del líquido elemento. El retorno estaba previsto en las venas porque tras las arterias descritas que canalizan las aguas vivas, los excedentes que drenan los encharcamientos, con el saneamiento que supone, se inician en los denominados escorredores que se alimentan de las filtraciones o avenamientos, que pasan a incorporarse a las azarbetas, que son más grandes que los escorredores y suman a los azarbes, landronas o meranchos que conducen el agua hacia otras zonas de la huerta y finalmente vierten en los azarbes mayores, que se corresponden con las acequias de inicio: el azarbe mayor del Norte, el del Mediodía y el de Monteagudo que gestionan las aguas muertas que se regeneran aguas abajo en el propio río. Por cierto, no se suele citar ni recordar que, en los desastres de inundación, las acequias contribuyeron con su cuota parte a las mismas, como parece evidente, aunque el punto de referencia sea siempre el rio. Un sistema ejemplar desde el punto de vista ecológico que solamente aprovecha el agua y devuelve el excedente hasta la última gota. Es un elemento inspirador cuando se trata de reflexionar la construcción de algo significativo. Es un reto construir un sistema de entidad en un lugar en el que nuestros antecesores construyeron sistemas de increíble importancia, sostenido a través de muchas generaciones. Tenemos que intentar formular los interrogantes del futuro en este escenario.

Probablemente, la clave radica en la formulación de las preguntas. Nos atrevemos a afirmar que tenemos que pasar del ámbito de la resolución de problemas a la más complicada tesitura de formular las preguntas. Esto, sin duda, abre nuevas opciones y plantea nuevos retos. Hoy, hay muchos interrogantes que enmarcan nuestra aproximación para encarar la Inteligencia Artificial de forma segura, sostenible y responsable. Los interrogantes están relacionados con la autonomía de los sistemas, la acción de los mismos, los indicadores de operación, las interfases y la intencionalidad de los sistemas. Nuestros ancestros, sin duda pudieron contestar a estos interrogantes en su ámbito, y lo hicieron. Ahí están los resultados. Nosotros, ahora, en el punto en el que nos encontramos tenemos otras preguntas a las que hay que responder. En gran medida son situaciones equivalentes. Al menos por analogía. Habrá que intentarlo. Pensemos, es un buen momento para ello. Y tras tener clara la dirección del progreso, pasemos a la acción. Eso sí, con idea de por dónde impulsar nuestra existencia. Este comienzo de año, en unas circunstancias muy especiales, es propicio a la reflexión, también en esta parcela. Es el momento. Grandes ideas, impulsan grandes proyectos.