LA CIENCIA DE LO EXTREMADAMENTE PEQUEÑO, II por el Prof. Dr. D. Pascual Lucas Saorín, académico de número

El tamaño de un nanómetro es, como ya sabemos, unas ochenta mil veces más pequeño que la anchura de un cabello humano, así que la ciencia y tecnología realizadas a esa escala se han agrupado bajo el nombre de nanotecnología. Los potenciales beneficios que hoy día se vislumbran son tan extraordinarios como revolucionarios, aunque todavía deberemos esperar al menos 20 años para que se conviertan en realidad.

En 1959, el brillante físico y Premio Nobel Richard Feynman sostenía que los principios de la Física no impedían la manipulación de los objetos átomo por átomo, de modo que los problemas de la Química y la Biología podían evitarse si desarrollábamos nuestra habilidad para ver lo que estamos haciendo y para hacer las cosas a nivel atómico. En 1982, G. Binning y H. Rohrer descubrieron el microscopio de efecto túnel, por el que fueron galardonados con el Premio Nobel de Física del año 1986, mediante el cual se pueden visualizar átomos como entidades independientes. Como afirman el propio Rohrer y Nicolás García, investigadores del Laboratorio de Física de Sistemas Pequeños y Nanotecnología del CSIC, “lo importante y singular es que los átomos se ven palpándolos y, por tanto, se pueden manipular uno a uno”.

Cabría, pues, alterar las propiedades de un sistema para obtener las deseadas sin más que modificar su estructura. Es decir, si aprendemos cómo la naturaleza realiza la distribución atómica, podremos controlar la materia que nos rodea. Por ejemplo, podríamos recuperar la juventud cambiando el diseño de nuestras moléculas, para lo cual habría que crear nanomáquinas de ensamblaje molecular que a su vez fabricaran otras mayores. Es muy posible imaginar un nanosubmarino que, a través de los vasos sanguíneos, detecte precozmente y corrija las enfermedades.

Esta ficción quizás no lo parezca tanto cuando se conocen los últimos avances en este campo. Por ejemplo, en Diariomédico.com se informa que un grupo de investigadores de las universidades de California y Detroit han desarrollado una técnica, llamada nanoinjerto, mediante la cual se consigue una secuenciación más rápida de los ácidos nucleicos o una mejor realización de los diagnósticos de enfermedades. La importancia de este avance reside en la facilidad para activar nanomáquinas, ya sean reparadoras de células o bacteriófagas.

Verdaderamente nos encontramos ante un campo multidisciplinar, pues involucra a la Biología, la Química, la Física, la Matemática y la Ingeniería. Su especial importancia radica en su versatilidad, en el sentido de prestar servicio a cualquier rama de la ciencia o la industria. Y su interés a corto y medio plazo ha sido reconocido en el sexto Programa Marco de la Unión Europea, que ha distinguido a la Nanotecnología y Nanociencia como área prioritaria de investigación, con una asignación de 1.300 millones de euros hasta el 31 de diciembre de 2006.