LA BIOLOGIA Y EL COMIENZO DE LA VIDA HUMANA INDIVIDUAL por el Prof. Dr. D. Félix María Goñi Urcelay, académico correspondiente

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 11 de junio de 2016

En este tema se da a menudo lo que yo creo que es un error de principio, al proyectar nuestra antropología sobre los datos de la biología. Así, estos datos científicos, que nadie discute, se utilizan para “demostrar” que la vida humana individual comienza, o no comienza, en el “instante” de la concepción (instante, dicho sea de paso, que en la especie humana dura unas 20 horas, pero éste es otro tema).

El error está en pensar que la biología se ocupa de individuos. Esto no es así. El objeto de la biología son los seres vivos en su conjunto, más concretamente los seres vivos que son objeto de la selección natural. El hombre y los animales y plantas domesticados escapan a la biología por distintas razones. En particular en la especie humana (y en menor medida en los animales domesticados) lo que nos interesa es el individuo, cada individuo tiene un valor en sí mismo.

Pero para la biología como ciencia los individuos no cuentan, cuentan las especies, las colectividades, a lo sumo grupos de animales o plantas que comparten un hábitat. Por eso la biología no puede dar respuesta a la pregunta de cuándo comienza la vida humana individual. Como mucho, la biología puede señalar dos límites, inicial y final, en la vida del individuo, es decir, el individuo no puede existir antes del primer contacto del espermatozoide con el óvulo, ni después de la muerte, pero para ese viaje no necesitábamos tales alforjas. Por otra parte, la biología tampoco nos revela ninguna discontinuidad especial entre la fecundación y la muerte, lo que sí puede apoyar un cierto principio de precaución para proteger al no nacido.

Es más, la biología ni siquiera puede señalar el punto de comienzo de la especie humana. Hubo, es cierto, un proceso de hominización que duró cientos de miles o millones de años, pero no se puede decir “hasta aquí era animal, desde aquí es hombre”.

Para mí, la consecuencia de todo esto es que decidir qué/quién es un individuo humano, qué/quién  es una persona,  no corresponde en absoluto a la biología, sino a la filosofía y/o al derecho. Cualquier afirmación ética en este terreno que se presente como basada en datos biológicos está, en realidad, haciendo un mal uso de la biología y de la ética.