La atracción de las fronteras por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad, el 17 de octubre de 2015.

Hace unas columnas comentábamos que, a pesar de que la física predice que todo tiende al desorden y a desorganizarse, la vida tiene la capacidad de estructurarse utilizando energía de alta calidad y materiales que la contienen y devolviéndolos al entorno degradados. La vida utiliza el flujo de energía resultante para generar trabajo que emplea en construirse a sí misma incrementando su complejidad y eficiencia. Los flujos de energía también ocurren espontáneamente en la naturaleza. De acuerdo con la segunda ley de la termodinámica, donde haya diferencias de energía se producirá un flujo de donde más hay a donde hay menos. Entre un cuerpo caliente y otro frío fluirá el calor, entre un sistema atmosférico de altas presiones y otro de bajas fluirá el aire en forma de vientos, entre una fuente en lo alto de una montaña y el mar, la diferencia de energía potencial hará que el río produzca saltos de agua y fluya hacia su desembocadura, entre una masa de agua con alta salinidad y otra de menor salinidad se formarán corrientes marinas.

Estos flujos de energía espontáneos tienen lugar siempre que exista un gradiente. Este puede definirse como una diferencia en los valores de una variable a lo largo de una distancia. La intensidad con la que la energía fluye, dependerá de la intensidad del gradiente y este será mayor al aumentar las diferencias entre los extremos, pero también al acortarse la distancia. No es lo mismo ascender cien metros cuando la diferencia de alturas dista solo unos pocos metros (prácticamente una pared vertical) que cuando tiene lugar en una distancia de kilómetros.

Estas transiciones bruscas entre sistemas distintos, heterogéneos, constituyen lo que llamamos fronteras, y aunque podríamos pensar que suponen barreras, en realidad son una fuente de oportunidades para aprovechar los flujos de energía que generan. Por eso, la vida busca las fronteras. Por eso, la costa y las lagunas costeras, como el Mar Menor, son tan productivas para la pesca, mientas que el centro de los océanos es prácticamente improductivo. En la costa los gradientes entre la tierra y el mar y las distancias cortas entre el fondo y la columna de agua, entre las lagunas y el mar abierto, hacen que los gradientes y el flujo de energía asociado, sean intensos.

Como la vida, cualquier estructura compleja que deriva de ella, como las propias sociedades humanas, también buscan las fronteras. Las civilizaciones, y nuestras ciudades actuales, se han asentado y se desarrollan en las fronteras, en las transiciones entre el agua y la tierra o entre países. En las fronteras se mueve la historia, fluye la cultura, se desarrolla el comercio…