¿Investigación dirigida? por el Prof. Dr. D. José Mª Ruiz Gómez, académico numerario

Los Programas Marco europeos orientan y promocionan la investigación y en ellos se indican las áreas prioritarias, así como los fondos económicos dedicados ellas. En la actualidad es indudable que la demanda hacia la investigación científica está condicionada a los vocablos “nano”, “bio” o “tecno. Es evidente que la potenciación de la investigación en estas áreas puede ayudar bastante al progreso y por tanto al bienestar de la sociedad, y ésta debe esperar e incluso exigir a los científicos que participen en el avance de las mismas. Sin embargo, surge una serie de preguntas de tipo general que suscitan cierta polémica dentro de la situación actual de la ciencia. ¿Deben apoyarse unas áreas más que otras? ¿Debe primarse la investigación aplicada sobre la básica? ¿Debe dirigirse a los científicos a determinadas investigaciones o deben tener más libertad de acción? Si analizamos la investigación en Japón y en Estados Unidos observamos que por caminos diferentes llegaron a resultados similares, lo que nos indica que quizás las preguntas anteriores no tengan una respuesta única. Por ello, no se debe perder de vista una cuestión que la sociedad puede haber olvidado, y es el beneficio que puede obtener de aquellos científicos cuyos esfuerzos están dedicados a la ciencia por la ciencia en sí misma, es decir, a la resolución de problemas que no están aparentemente relacionados con los vocablos anteriores y por tanto no tienen un impacto social inmediato, pero que permiten, en muchas ocasiones, aunque sea a largo plazo, descubrir nuevas teorías y aplicaciones de gran utilidad en la sociedad. Desde aquí quiero recordar que el bienestar social en términos médicos o tecnológicos ha sido debido en gran parte a estudios de este tipo En general, la historia de la ciencia está llena de estudios con estas características. Por ejemplo, en Matemáticas los estudios de Apolonio sobre las cónicas -inicios del siglo III a. d. C.- fueron utilizados para describir las órbitas de los planetas varios siglos después; los resultados de Euler en el siglo XVIII sobre números primos han sido la base para la búsqueda de la seguridad en las comunicaciones dos siglos después; el análisis espectral de Fourier ha jugado un papel fundamental en el descubrimiento de la estructura molecular del ADN; y así podríamos enumerar infinidad de ejemplos. Por todo lo anterior, pienso que se debe seguir apoyando, también de una forma suficiente, todo lo relacionado con la investigación básica.