Interfases líquido-líquido por la Prof. Dra. Dª. María de los Ángeles Molina Gómez, académica de número

Se denomina interfase a la zona de separación entre dos fases o medios diferentes, como por ejemplo, agua/aire, metal/disolución, agua/disolvente orgánico, que corresponden respectivamente a interfases líquido/gas, sólido/líquido y líquido/líquido. Esa zona de nadie, o frontera, tiene una enorme importancia en el estudio de una gran cantidad de procesos físicos y químicos, ya que en ella ambas fases pierden sus propiedades características y aparecen nuevas fuerzas que son muy diferentes a las existentes en los medios por separado, lo que da lugar a nuevas estructuras y ordenaciones de compromiso entre las que demandan ambos medios. De entre las interfases anteriormente mencionadas, las líquido/líquido merecen una especial atención, ya que el estudio de la transferencia de diferentes especies iónicas a través de las mismas, debido a la existencia de diferencias de potencial eléctrico y de concentración, constituye en la actualidad un emergente campo de investigación. Estas interfases se suponen constituidas por la unión de dos disoluciones no miscibles, una acuosa y otra orgánica, que contienen electrolitos diferentes y cuyo estudio ayuda a comprender el transporte de iones a través de membranas biológicas o membranas celulares, debido a que los fluidos intra y extracelulares constituyen una interfase de este tipo. Estos procesos de transferencia son la base tanto del funcionamiento de sensores de aplicación industrial como del transporte de los mensajes desde el cerebro a los músculos. La determinación de la facilidad con que se transfiere una determinada especie desde la fase acuosa a la fase orgánica (lipofilicidad) es de gran interés, ya que es un indicativo de la apetencia de esa especie por la fase orgánica (membrana celular). Existe una gran cantidad de técnicas físicas y químicas dedicadas al estudio de la transferencia de diferentes fármacos, que nos da una idea de cómo los mismos son asimilados por las células, ya que deben pasar de la disolución en la que se encuentran (fase acuosa) a las células vivas a través de su membrana (fase orgánica). Es decir, existe una relación directa entre lipofilicidad y actividad farmacológica. Con estas técnicas se mide principalmente la diferencia de potencial entre ambas fases, que permite cuantificar la asimilación de diferentes fármacos por el organismo, como por ejemplo, los antiarrítmicos procainamida y quinidina, los anestésicos lidocaína, procaína y tetracaína, o el antimalárico quinina, entre otros. Estos estudios resultan fundamentales para el diseño de nuevos fármacos.