Innovación deseable por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Vivimos una época realmente nefasta para la investigación, y por ende para el futuro como sociedad, especialmente en nuestro país y en nuestra Región. A la crisis de financiación, se suma el ansia por los resultados y esa especie de conciencia colectiva que confunde investigación con desarrollo, ocurrencia con invento y Ciencia y Tecnología con superchería, al fin y al cabo. Eso que ha dado en denominarse, por los poco o nada versados, como Ciencia Aplicada, solamente oculta ignorancia. No hay Tecnología sin Ciencia que desentrañe tras descubrir, ni desarrollo sin soporte científico y tecnológico que lo sustente, ni innovación que no se base en descubrimiento, Ciencia y Tecnología y desarrollo y que sea capaz de aportar algo que mejore el bienestar de la Sociedad. No innova quien quiere, solo quien puede. No siempre un invento es una innovación. Como no lo es una ocurrencia. Ni tampoco lo es una nueva propuesta. Solamente después del filtro de la Sociedad, de sus intereses, de su capacidad de asimilación y de la oferta de mejora que trae de la mano un nuevo desarrollo, es posible que, finalmente, tengamos una innovación.

Hoy, por contra, todo se presenta como innovación. Una libreta con colores diferentes a los usuales se considera por algunos innovación. Pocas cosas, pocos inventos, pocas realizaciones, pocos desarrollos sustentados en Ciencia y Tecnología de nuevo cuño, han sido capaces de suponer una innovación. El automóvil no fue innovación hasta que tuvo personalidad. Primeramente imitó al carro. Servía para desplazarse, un poco más ligero que su predecesor, el carro. Hacia lo mismo, solo eso. Conforme se perfeccionó, se fue adoptando por la sociedad como un elemento que alteraba sensiblemente muchos conceptos: distancia, tiempo, ubicación de la vivienda, del trabajo… Aportó sensibles mejoras a nuestro bienestar (perjuicios también, claro está, pero muchas ventajas) y cambió nuestra forma de vida. Esto es una innovación. El teléfono, basado en un hecho científico que es el concepto de onda electromagnética, su producción, transporte y detección (para lo que los humanos no disponemos de sensores), pero una vez asimilado por la sociedad, ha supuesto una innovación que ha alterado la forma, frecuencia, comodidad, etc., con que nos desempeñamos los ciudadanos en todas nuestras facetas, profesionales, personales, etc. No es sólo una novedad, que lo fue en su momento, hoy es una innovación. Hubo Ciencia, invento, desarrollo tecnológico y finalmente surgió la innovación. Si repasan las hoy llamadas innovaciones, verán que pocas cumplen. Ojalá fueran más. Sería señal de que hay más Ciencia y más Tecnología. Eso es deseable.

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad, el día 31 de octubre de 2015