Imprimiendo corazones por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Para los que tenemos una edad las impresoras supusieron una gran novedad ocupando un papel fundamental durante varias décadas, dejando en el al olvido a las máquinas de escribir y el papel carboncillo de copia. Pero como todo tiene sus tiempos, que se lo digan a la selección española de futbol en Brasil, las impresoras están ahora en clara retirada. Las tabletas, y otros dispositivos, van reduciendo el número de copias en papel que se hacen y les pasará lo que al papel carboncillo en algunos años. Como a “rey muerto, rey puesto”, han llegado las impresoras en tres dimensiones (3D) con la promesa de una nueva revolución, en este caso para que todo el mundo pueda fabricarse cualquier cosa. Una impresora 3D es un pequeño robot que deposita capas de un material hasta formar un objeto que puede tener cualquier forma. Se pueden encontrar desde sistemas para aficionados de bajo coste hasta equipos muy complejos y costosos que se usan en prototipado y en procesos de fabricación. Mi sensación sobre esta tecnología es que sin llegar a ser tan disruptiva como algunos prometían, se irá extendiendo a muchas aplicaciones, en algunos casos ciertamente inesperadas. Y en esta categoría se encuentra la posibilidad de imprimir tejidos vivos hasta construir órganos. Quizás en el futuro sea posible imprimir bajo demanda corazones o riñones para ser trasplantados sin tener que depender necesariamente de donantes. Aunque esto parece ciertamente lejano, lo que algunos científicos ya están haciendo es utilizar impresoras 3D para crear tejidos de cartílago colocando capas de un gel que contiene células vivas. Pueden imaginar que los cartuchos de tinta contienen los distintos componentes, y de forma similar a los diversos cartuchos de colores, ahora son de varios tipos de células. Y otros científicos están tratando de crear huesos, vasos sanguíneos o piel. La estrategia más común es tener una estructura de soporte sobre la que la impresora coloca las células vivas en las posiciones y cantidades adecuadas para copiar las estructuras naturales que se pretende replicar. Pero las dificultades para construir órganos completos son realmente formidables. Uno de los muchos problemas que la naturaleza ha resuelto maravillosamente es la forma de nutrir a las células mediante una extensa y sofisticada red de capilares microscópicos. Copiar algo similar con la impresión 3D resulta una tarea hercúlea. Imprimir un corazón completo requiere sin duda de una sofisticación que excede nuestras capacidades, pero como siempre en la ciencia y la tecnología lo importante es empezar a hacer el camino.