IMITANDO LA VIDA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Es posible que nos contemplen unos 3.500 – 4.000 millones de años. La Tierra era muy joven, cuando emergió la vida. Lo atestiguan unos microfósiles y unas estructuras rocosas denominadas estromatolitos, formados inicialmente por cianobacterias con actividad fotosintética apiladas en capas que acumularon microorganismos y lodo hasta formar el estromatolito. Hoy microorganismos como aquellos continúan formando capas. El caso es que ce las cosas tan primitivas que se desarrollaron en el medio natural, este mundo tan tecnificado tiene mucho que aprender todavía. Es una lección de humildad extraordinaria, para el que quiera apreciar en lo que vale la vida y la sabiduría de la Naturaleza y la falta de astucia, pese a todo, del entorno humano.

El nivel de complejidad que ha alcanzado la técnica es tan extraordinario que superó la interpretación humana hace mucho. Las máquinas que hoy produce la Humanidad no exhiben la ley que las rige y cuando nos acercamos a ellas, no nos revelan sus secretos. Las personas somos simples usuarios sin conocer ni el trasfondo ni disponer de conocimientos suficientes como para entender los mecanismos que gobiernan su funcionamiento. Los ordenadores y la computación han contribuido en gran medida a ello. Cada vez más las máquinas son cajas negras a las que se le introduce un imput y produce una salida como resultado. La evolución de la electrónica, desde el transistor, circuitos integrados y circuitos impresos, ocultó las funciones individuales y surgieron los circuitos funcionales compactos de operaciones superiores. Hoy hablamos de procesadores que tratan con instrucciones complejas, muy lejos de aquellos circuitos operacionales primitivos y compuertas lógicas con las que se inició la computación.

Pero en eso, algo similar se ofrece desde la componente artificial, comparable a la propia Naturaleza. Podemos preguntarnos, perfectamente, por ¿cómo hace las cosas la vida? No desvela fácilmente sus mecanismos, simplemente hace las cosas. Nosotros, con suerte, observamos que las hace. Incluso más, porque no solo hace las cosas la vida, sino que las funde y confunde con el sistema ya disponible. Hace las cosas y las incorpora al contexto. Si ponemos la lupa para observar la vida, comprobamos que no hay cosas, no hay cosas en el mundo natural divorciadas de sus sistemas. Y no deja de ser curioso que sumergidos como estamos todos los humanos en el proceso evolutivo, no seríamos capaces de predecir como salimos del nudo evolutivo en el que nos encontramos. Lo sabrán quienes nos sucedan, pero no nosotros. Han surgido cosas increíbles de la Biología.

Con todo nuestro avance tecnológico, los seres vivos que mejor se han adaptado tienen mucho que enseñarnos. Y nosotros tenemos mucho que aprender. Muchos problemas de los humanos actuales, ya lo resolvieron los organismos y microrganismos. Las respuestas a muchos de los problemas están en la Naturaleza, solo hay que encontrarlas. En los últimos tres mil ochocientos millones de años ha habido nada menos que entre 10 y 30 millones de especies bien adaptadas. Por tanto otras tantas soluciones, entre 10 y 30 millones de soluciones situadas en el contexto del planeta Tierra, que es precisamente donde se plantean y hay que resolver los problemas del género humano, mientras no pongamos el pie en otro planeta. Se trata de una pura imitación de la vida. La vida ha resultado genial. Todos los premios Nobel son poca cosa para reconocer su inteligencia. Se trata de una imitación consciente tomando los principios y aprender de ellos.

Aquí hay que matizar una cuestión de importancia. Queremos aprender de la Naturaleza. No se trata, por ejemplo, de usar bacterias para limpiar las aguas residuales. Aquí no hay inspiración en la Naturaleza. Esto es biotecnología que usa microorganismos para una función. Se trata de comparar como hace las cosas la Naturaleza y como las hacemos nosotros. En un proceso convencional los materiales se tratan dejando muchos residuos y logrando muy escasa cantidad de producto como rendimiento del proceso. Un motor de combustión que emplea combustible fósil, logra en el mejor de los casos una eficiencia entre un 20 y un 30%. El resto son residuos que evacúa al ambiente. La vida no puede moverse en estos niveles de desprecio de las cosas. Hay muchos ejemplos que lo evidencian. El polen se genera con las facilidades para flotar. Es la propia vida la que le ha agregado información a la materia que genera. Es la propia vida la que le ha propiciado una estructura que capacita a las cosas para que cumplan con su finalidad. Las cosas están capacitadas para unas funciones diferentes en términos de la estructura de las que la vida les ha dotado.

La clave es ¿cómo rediseñamos el mundo que hemos fabricado? La Naturaleza tiene muchas tecnologías. Solo se trata de trazar el plan. No hay paliativos. Muchas de las tecnologías no son imitación de la sabiduría de la Naturaleza, sino parciales acometidas humanas que terminan en agresiones. La ambición humana ciega el intelecto y el orden resultante es una violación de las estructuras más básicas que la Naturaleza pretendió mostrarnos. La vida agrega información a la materia. No tenemos ningún derecho a violentarla. Cada vez que lo hacemos lo arruinamos. El botón de muestra lo tenemos bien cerca.