HOTEL MORALIDAD por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La Ciencia a la que el siglo XX nos ha dado acceso, ha impulsado un estatus tecnológico de la Humanidad, que supera en mucho a las más audaces pretensiones que se pudieron formular tiempo atrás. A mediados del siglo pasado ya se iniciaron una serie de predicciones, que nos situaban en el último tercio en un increíble mundo en el que toda suerte de automatismos, máquinas poderosas y artilugios refinados hacían las delicias de una Humanidad que podía comenzar a pensar en “otras cosas”, disfrutando del beneficio de sus propios logros.

Cambiaron muchas cosas, se impulsaron nuevas referencias, se establecieron nuevos horizontes que descansaban sobre conocimientos que permitían confiar en la capacidad humana para desentrañar los secretos de una Naturaleza que parecía entregarse disciplinadamente para beneficio de las personas. No parecía tener límites la capacidad humana para desentrañar los secretos más recónditos de la Naturaleza. Sus leyes se descubrían y manejaban con la destreza de quién domina sus intimidades. La inteligencia humana parecía no tener límites. Reiteradamente, en la Historia de la Humanidad, el hombre se creía en posesión de las claves, aunque no necesariamente interpretaba la partitura con la finura que sería deseable, como después podría comprobarse.

Actualmente, vivimos un momento sin precedentes por la variedad, cantidad y magnitud de problemas medioambientales, derivados de actividades humanas en las que se ponen en entredicho los conceptos de conservación, tanto de la Naturaleza como de los recursos que nos provee y que nos enfrenta de bruces con los problemas éticos de mayor envergadura con los que la Humanidad jamás haya lidiado.

Las preocupaciones actuales incluyen a otros seres vivos y a la propia Naturaleza en general y configura los intereses de la ética que se extiende progresivamente a un cada vez mayor número de culturas humanas. Se aprecia que el mundo está cambiando a velocidades que hacen suponer que las ideas que ayer estuvieron en vigor, no es de esperar que tengan validez en los escenarios de mañana. Esto hace que sea preciso desarrollar un nuevo escenario en el que emerjan nuevas ideas culturales, éticas y estéticas y que el medio ambiente se vea festoneado por una ética válida para los problemas que se presenten de ahora en adelante.

En el escenario humano se hace patente que la carga educativa que las actuales sociedades procuran a sus miembros, es insuficiente para las necesidades que la vida presenta. Desde hace un cierto tiempo se propugna la idea de que es necesario dotar de una capacidad de aprendizaje que permita la adaptación a las circunstancias cambiantes que la vida va a presentar a los futuros miembros de las sociedades que van apareciendo. Se hace evidente que la tecnología ha superado en velocidad al ritmo esperable. Nos pilla sin la preparación requerida para afrontar las circunstancias que nos acosan. Lejos de capacitarnos para aprender a aprender, las estructuras de las sociedades han seguido a su pasitrote educando con torpeza para un pasado periclitado. Las tecnologías han superado la capacidad de asimilación, por falta de preparación y nos entregan a los miembros de las sociedades a una esfera de consumo en la que somos clientes, dóciles consumidores, ignorantes atrevidos que usamos lo que nos dan, lo que nos permiten otros, lo que buenamente conviene a terceros que son los que sacan tajada de la ventaja competitiva que lers de disponer del conocimiento al que el resto de los humanos no puede acceder, por procurar deliberadamente que el acceso sea limitado.

En el ámbito de la ética del medio ambiente se dan unas relaciones amables y comprensivas con las Ciencias del Medio Ambiente, interactuando e influyéndose mutuamente en ambas direcciones tanto desde lo que es (Ciencia) a lo que debe ser (Etica) y viceversa. La Ciencia proporciona y facilita la construcción de teorías que incorporan valores éticos propios de los contextos culturales, al tiempo que la ética del Medio Ambiente valora a esa Naturaleza mediante los conocimientos científicos acumulados y disponibles. La estulticia humana hace omitir estos rasgos y abandonarse a la cómoda explotación sin límites, al mirar para otro lado, sin valorar las consecuencias de los actos y omitir lo que se sabe, lo que se conoce, lo que los pronósticos sensatos desde el conocimiento nos previenen de las conductas propias del mundo poco civilizado en el que el beneficio de hoy prescinde del lamentable futuro en el que nos sume.

Ciertamente, estamos muy lejos de comprender los mecanismos que pueden relacionar el conocimiento objetivo y la moralidad subjetiva en relación con las formas de descubrir la Naturaleza y las formas de habitar en ella y que puedan ser los principios éticos los que contribuyan a favorecer los cambios de actitud y dirigir el comportamiento humano a actitudes respetuosas e inteligentes. Lejos de poder entender que la madre Tierra es una posesión a la que someter a explotación, habría que cambiar culturalmente para interpretarla como el Hotel Tierra, que albegra a las personas de forma temporal, ofreciéndonos acogida con los enseres apropiados, como lo hace un hotel con los servicios básicos que incluyen cama, armario, cuarto de baño, etc y otras prestaciones e instalaciones que permiten el uso común para todos los huéspedes, con el nivel de confort que podamos procurarnos, sin agredir ni dejar huellas perecederas. Ello requiere del concurso de una moralidad, forjada en una ética que base sus principios y reglas en una información como basamento de la conducta. Resulta, cuando menos curioso, que cualquier persona que hoy se precie de haber disfrutado de una formación de calidad, carezca por completo de la más mínima formación en materia medioambiental. Solamente promoviendo el debate de los problemas y los enfoques éticos en el seno de la sociedad en que vivimos, en todos los niveles concebibles será posible vivir mejor y hacerlo del mejor modo para con la Naturaleza. Solamente nos puede salvar la educación. Las otras formas de hacerlo, ya se han evidenciado insuficientes, inoportunas y lejos de ser deseables. Solamente teniendo la sensibilidad ética apropiada podemos salvarnos y salvar nuestro mundo. Solo dejaremos de agredirnos en nuestro hotel si tenemos la sensibilidad que nos permita tomar decisiones firmes sobre nuestra conducta. Necesitamos un Hotel Moralidad.