HIPÓGRIFO A LA LUNA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

La conquista de la Luna el 20 de Julio de 1969 (21 de julio en España), solo cuatro días después de salir la misión Apolo XI desde el Complejo de lanzamiento 39 (en inglés Launch Complex 39) que es un conjunto de grandes instalaciones dentro del Centro espacial John F. Kennedy en Merritt Island, Florida, Estados Unidos, antiguamente Cabo Cañaveral. La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando. El comandante Armstrong fue el humano que piso por primera vez nuestro satélite el 21 de julio de 1969 al sur del Mar de la Tranquilidad, solo seis horas después de haber alunizado. El 24 de Julio del mismo año, solo unos días después, amerizaban en el Océano Pacífico, donde finalizó, felizmente, la misión. Doce personas han caminado sobre la superficie de la Luna.

Se han cumplido cinco décadas de aquella hazaña. Ahora se pretende volver de nuevo. Ciertamente es una ventaja desde allí desarrollar tecnologías para llegar a Marte. Trump, imprevisible en casi todo, ha ordenado adelantar la fecha para enviar astronautas a la Luna del previsto 2028 al 2024. En los sesenta del pasado siglo, se pensaba alcanzar Marte en los ochenta. Ha pasado mucho tiempo sin hacerlo. El último astronauta en pisar la Luna fue Cernan en 1972. Todo indica que la carrera espacial, incluida en la guerra fría, fue un elemento de competición entre los dos bloques políticos y una vez alcanzada la Luna, se había ganado la competición. Solamente el interés científico ya no justificaba la inversión, así que en 1972 la NASA liquidó el programa APOLO, que contó hasta 22 misiones y envió a 24 hombres a la Luna y 12 se pasearon por su superficie. Se pasó a la cooperación ruso-norteamericana plasmada en la estación Espacial Internacional. Hoy China irrumpe con un plan de exploración lunar que prevé enviar a astronautas a nuestro satélite. A diferencia de hace cincuenta años, ahora la exploración espacial implica al sector privado. El descubrimiento de agua helada y de grandes cantidades de Helio-3 en la Luna ha despertado el interés económico por su reconquista. La NASA estima que la inversión se situará entre 20.000 y 30.000  millones de dólares, en términos relativos mucho menos que lo que costó el proyecto APOLO, aunque en los presupuestos de este año, la Casa Blanca solamente ha pedido 1.600 millones de dólares adicionales. China cifra la llegada en 2029 o 2030, aunque su objetivo es ser la superpotencia espacial en 2049.

Pero la pretensión de alcanzar la Luna del escritor Julio Verne, publicada por entrega en el «Journal des débats politiques et littéraires» entre el 14 de septiembre y el 14 de octubre de 1865, y como un solo volumen el 25 de octubre de ese mismo año. El 16 de septiembre de 1872 se presentaría una edición doble con «Alrededor de la Luna» («Autour de la Lune»), su continuación, que había aparecido en 1870 de manera seriada.  Era una sátira del estereotipo estadounidense del momento en la que se describían los problemas que había que resolver para lograr enviar algo a la Luna. Representaba​ lograr hacer realidad en el siglo XIX un viejo sueño mantenido a lo largo del tiempo, como era  atravesar el espacio y descubrir el mundo lunar que hasta entonces había permanecido en penumbra.

Como narra Javier Ordóñez, en la teoría geoocéntrica la Luna servía de referencia para clasificar lo que ocurría por encima y por debajo de la esfera que delimitaba. La esfera sublunar era la región cosmológica situada por debajo, caracterizada por el cambio, mientras que la Luna y las esferas superiores era el reino de la inmutabilidad. Eran las dos regiones o mundos que concibió Aristóteles en su filosofía de la Naturaleza. En el mundo sublunar la composición integraba a los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego que propusiera Empédocles y se transformaban unos en otros, con lo que se describía la generación y la corrupción. Por el contrario el mundo supralunar solamente lo integraba el éter, el quinto elemento, que no se podía transformar en cualquiera de los otros cuatro, resultando incorruptible y representaba la perfección. Los movimientos de los elementos eran lineales: fuego hacia arriba, tierra hacia abajo, aire y agua horizontalmente y el éter circularmente, sin fin, sin cambio. Esta descripción se mantuvo hasta la Edad Media.

La Luna era, pues, una especie de frontera y esta visión cambio en el siglo XVII cuando se inició la revolución científica. El telescopio de Galileo, permitió sobrepasar  la frontera lunar. Galileo enfocó en 1609 el espacio directamente. En 1610 publicó el Mensajero Sideral en el que ilustraba la Luna con montes, valles y volcanes, como lo pudiera hacer con la Tierra. Rompía la consideración de la Luna al integrarla en los cuerpos sublunares, por lo que no era un objeto perfecto, sino un planeta como los demás, que podía estar habitado y al que se podía viajar. Luciano e Samosata escritor sirio que vivió entre el 125 y el 187 d.C., humorista de la Segunda sofistica, imaginó un viaje para conocer a los selenitas. En el siglo XVII tras la irrupción de Copernico, muchos científicos y astrónomos se animaron a imaginar viajes a la Luna. Kepler fue el primero de ellos en su libro El sueño u obra póstuma sobre la Astronomía de la Luna, a la que denomina Levania. En el fondo era una descripción de la visión del Cosmos desde un lugar móvil, lo que suponía una defensa del copernicanismo. Levania le parecía inmóvil a sus habitantes, como la Tierra (Volva en la novela de Kepler) nos lo parece a nosotros.

Solo cuatro años después de publicar Kepler su novela de un obispo anglicano inglés, Godwin se publicó en 1638, El Hombre en la Luna o un discurso de un viaja hasta allí, obra póstuma. Fue posterior a la publicación del Mensajero Sideral de Galileo en 1610. La publicación de Godwin se puede considerar una novela de aventuras. El protagonista, Gonsales, tras una vida agitada pasando de las Indias Occidentales a España y a la Isla de Santa Elena, donde descubre unos gansos salvajes que los usará como animales de tiro de un carruaje capaz de volar.

Los hipogrifos fueron evocados por Virgilio en las Églogas y aparecen en la obra de Ludovico Ariosto, el Orlando Furioso a principios del siglo XVI. Estrictamente hablando un hopogrifo es una montura nacida del apareamiento de una yegua y de un grifo, de vuelo veloz y capaz de volar alrededor del mundo. Ya se cita que llevó a Astolfo hasta la Luna. Por extensión se denomina hipogrifo a cualquier cruce de animal potente para montura y un grifo cuya parte frontal es un águila gigante que despliega alas potentes, pico y poderosas garras y la parte posterior es de león o similar, con patas y garras poderosas.

El Gonsalez de la novele de Godwin, perseguido en sus aventuras pasa por Tenerife desde donde decide volar a la Luna. Regresa tras unos seis meses, porque los gansos se le morían y temía no poder regresar. Aterriza en China, hasta que vuelve a España con unos jesuitas. Godwin imaginó una Luna poblada de selenitas que habían construido un paraíso perfecto. El mundo es heliocéntrico, copernicano.

Posteriormente, en torno a 1638, el inglés John Wilkins, filósofo y uno de los fundadores de la Royal Society,  publica El descubrimiento de un mundo en la Luna, en un intento de mostrar que pueden haber otros mundos habitados, no siendo contrario a la fe ni a la razón. Ya era de actualidad en aquella época el debate intelectual sobre este tema. El francés Cyrano de Bergerac, cuya vida fue recreada en la famosa obra de teatro de 1897, de Rostand que lanzó a la fama la famosa nariz, los duelos y un amor no correspondido, pero que, además, Cyrano es un filósofo de carácter radical, libertino y ateo.  El interés por la ciencia inspira la obra El otro Mundo, donde relata viajes imaginarios a la Luna y al Sol. Nada es nuevo bajo el Sol. Hay pretensiones humanas que cuestan mucho lograrlas. Mientras tanto son sueños. Los audaces nos hacen soñar. ¡Bendita imaginación! Con tiempo, se hacen realidad.