GUERRA ESPACIAL por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

El laser viaja a la velocidad de la luz. Las armas convencionales usan la energía cinética. El poder de destrucción se basa en eso. Cuanto mayor sea el peso, más energía cinética tiene el proyectil. La masa se multiplica por el cuadrado de la velocidad. Algo que viaja a doble velocidad, tiene una energía cuatro veces mayor. A mayor energía cinética mayor daño al impactar. Sólo con la aceleración de la gravedad se puede generar un efecto superior al de una bomba atómica.

Un arma para contrarrestar un láser puede ser una nave que se haga invisible. No está a nuestro alcance todavía, aunque ya hay ensayos bastantes convincentes. La primera guerra espacial que se puede dar, será con los satélites, incluyendo: comunicaciones, información geográfica, señales, además de las posiciones en Tierra que proporciona el GPS con mucha precisión. Vuelan a 27 000 km hora y a unos cientos de metros sobre la tierra. Alcanzar una pelota de tenis lanzada por otro jugador, con otra lanzada por nosotros, es difícil, pero si la nuestra fuera inteligente, corrigiendo la posición, tal como hace un misil, es más probable que lo logremos. Se estima que es preciso consumir 100 litros de combustible para poner un kilogramo en órbita. Por tanto, los materiales que se incorporan a los satélites son livianos. Pero cada vez más, dependemos de los satélites. Si los misiles llevan cabezas nucleares, con una gran explosión, son capaces de dejar fuera de juego a cualquiera de los satélites que circulan en la actualidad y que conforman esa tupida red que ya resulta imprescindible.

Se han concebido como armas para aniquilar objetivos a las bombas atómicas. Como en el espacio no hay atmósfera, en el caso de lanzar una contra un satélite, no se produciría ninguna nube en forma de hongo, como es usual. Sería como la explosión de una supernova: rayos gamma en todas direcciones y la onda expansiva no se produciría, al no haber atmósfera. Pero la radiación tiene mayor alcance que en la Tierra, dado que los rayos gamma ionizan a la atmosfera. Una de las últimas pruebas realizadas en 1965 en el aire, produjo un efecto perceptible desde Australia hasta Hawai. Tras una docena de pruebas, se clausuraron las explosiones y pruebas.

Una pistola dispara porque la pólvora lleva el oxidante que producirá la combustión. Pero en el espacio acabará atascándose por falta de lubricación de las partes de la pistola. Por otro lado, las armas se pueden montar sobre raíles, algo parecido al tren bala, impulsadas por imanes y que se aceleran hasta alcanzar casi la velocidad de la luz, por tanto, millones de km por hora. La energía cinética es tremenda. Un proyectil de 3 kilogramos a mas de 8000 km por hora, produce un impacto 7 veces superior a si llevara la velocidad del sonido y eso produce mucho daño. Un coche acelerado al 10% de la velocidad de la luz es capaz de destruir una ciudad en el impacto. Se puede concebir un cohete montado sobre un raíl y aprovechar la gravedad para que aumente la aceleración. Los lanzamientos de piedras con catapultas Trebuchet, propias del siglo XII al XV, hasta la aparición de la pólvora, que lanzaban proyectiles hasta de 160 kilogramos contra las fortificaciones enemigas, ya lo hacían lanzando a lo más alto posible, de forma que se le daba opción a la gravedad para que hiciera su papel.

Nada de todo ello compite con un láser. La velocidad a la que se desplaza es la de la luz. Son las armas favoritas de la ciencia ficción. Son linternas de alta tecnología. Todas las ondas están sincronizadas. La luz del sol es incoherente y las distintas ondas se destruyen y lo que vemos es lo que queda. Con un láser se pueden deshacer átomos, arrancar los electrones o romper los materiales. Su efecto es muy similar a los truenos y los rayos. Cuando no hay partículas de polvo no se ve el haz del laser. Utilizado como arma, no hay ninguna otra más rápida. Los cañones convencionales necesitan cargar balas. Un láser con suministro eléctrico, tan sólo, es suficiente, no tiene que cargar balas. Es continuo. Estados Unidos ya ha probado sistemas láser aéreos que disparan contra misiles. Sin atmósfera un avión da la vuelta instantáneamente para disparar. Con atmósfera, como aquí, los aviones tienen alas porque hay que levantar vuelo en base a la sustentación. Para girar, también. En ausencia de atmósfera se pueden dar movimientos bruscos, no lentamente como aquí. Surge un interrogante ¿a qué velocidad se deshacen, peligra, la identidad de los átomos humanos?. Los átomos son estables a cualquier velocidad, sus puntos de referencia se mantienen hasta unas 18 g, que provoca la descomposición de los elementos humanos, porque los pulmones se comprimen y los órganos internos comienzan a desgarrarse (16 g mantenida 1 minuto, puede resultar mortal). La gravedad y la aceleración son equivalentes. Si te mueves muy deprisa en el espacio tu cerebro puede matarte con la brusquedad.

Sin atmósfera no hay reducción de la luz láser como ocurre en la atmósfera, dado que ésta está compuesta por moléculas, con las que colisiona. Ahora bien, se requiere mucha potencia para que el láser sea peligroso. Una pistola en la mano no tiene, ni puede tener potencia para generar un laser suficientemente potente, salvo en las películas de ciencia ficción. En el vacio del espacio, un agujero en el traje espacial es suficiente como para matarte. El poder destructivo natural del universo va mucho más allá que lo que pueda creer el hombre. Redirigir un asteroide para que impacte en Marte, eso es más destructivo. Algún día es posible que superemos el conflicto. Desde luego NO lo hemos hecho aquí y no es previsible que lo hagamos en el espacio. Armas ya hay, o pueden haberlas.