Ganas de saber por el Prof. Dr. D. Manuel Hernández Córdoba, académico de número

El progreso en el conocimiento científico y técnico tiene como motor principal la curiosidad humana movida por la inteligencia y por el imprescindible combustible de los recursos materiales. La Historia proporciona curiosos ejemplos ilustrativos a este respecto.

Henry Cavendish (1731-1810) fue un gran científico que hizo aportaciones muy relevantes e incluso sorprendentes si se tienen en cuenta los conocimientos y medios técnicos disponibles en su época. Entre ellas, el descubrimiento de la composición química del agua o el cálculo de la densidad de nuestro planeta. Cavendish era persona muy singular, excéntrica hasta el extremo, y se afirma que incluso anunció su propia muerte con escasa antelación. No tenía problemas económicos pues heredó una enorme fortuna, lo que le permitió dedicarse a su gran pasión: el estudio de la Ciencia. En una conferencia impartida en 1776 en la Royal Society of Chemistry afirmó que había calculado la resistencia eléctrica de un buen número de líquidos. Lo sorprendente del asunto es que, además de que sus valores eran correctos con buena aproximación, todavía no se había descubierto ni siquiera la pila eléctrica. Cavendish hizo todos los experimentos sufriendo en su propio cuerpo fuertes descargas de electricidad estática. Los experimentos tenían que ser molestos, pues todos sabemos lo desagradable que resulta recibir una descarga de este tipo al tocar una superficie cargada.

Pues bien, Cavendish cargaba al máximo posible un dispositivo y lo descargaba a través de su cuerpo cerrando con una mano el circuito que contenía el líquido a ensayar, volvía a cargarlo cambiando el líquido y lo descargaba con la otra mano, juzgando qué descarga era más intensa como forma de ajustar los valores relativos de resistencia eléctrica. Hay que observar que la descarga tenía que ser bastante fuerte ya que ese mismo dispositivo se empleaba por charlatanes en ferias y mercados para fulminar pequeños animales. No parece que esto afectase a Cavendish, que vivió 78 años.

Como se ha dicho, era rico, muy rico por cuestiones familiares, esto es, cumplía un requisito para la investigación: disponer de medios materiales para emplear la técnica disponible en su época. Hoy en día, por fortuna, no se requieren heroicidades de este tipo y la tarea de investigación es más sosegada. Pero hay que observar que los avances que este científico consiguió tenían su origen en una importante condición, necesaria para el progreso del conocimiento y más allá de las disponibilidades materiales. Disponía del motor mencionado. Cavendish tenía ganas de saber.