FOTOS DEL PENSAMIENTO por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Etimológicamente foto significa Luz. Ciertamente una fotografía arroja luz sobre el objeto fotografiado. Nos ilumina. Transmite su aspecto. Intuimos sus características. Rememora recuerdos. Toda una tecnología puesta al servicio de numerosos servicios. Toda una parafernalia de intrincados cruces de derechos complican la grabación de algo o alguien. Por si fuera poco, cada país, incluso en Europa, concibe una forma la “libertad de panorama” que afecta a edificios, construcciones y monumentos accesibles desde la calle, al margen de los derechos a la propia imagen que afecta a las personas. Todavía más, en el interior de los edificios se suman las restricciones de seguridad. La “iluminación” tiene restricciones, incluso severas. Aún no habiendo legislación explícita que prohíba hacer una foto, por el Principio de Permisión, “lo no prohibido, está permitido”, pero aún así. No todo se puede fotografiar, aunque queramos y podamos.

El concepto artificial es elusivo. Como adjetivo admite muchas vertientes. Artificial es una flor y artificial es la luz de una lámpara. Pero, mientras que en la primera es la cosa, flor, lo que parece ser una flor, en realidad no lo es, no es lo que parece, solo es aparente como tal. Las flores artificiales son de materiales que nada tienen que ver con las naturales. Pero la luz artificial, también es artificial, pero ilumina, es decir, una vez conseguida y fabricada artificialmente, es un sustituto de la luz natural, es decir, su artificialidad no es meramente aparente, ni se trata de una imitación; su apariencia revela lo que es, no que parezca ser otra cosa, como ocurría con la flor artificial.

Con la Inteligencia Artificial hay un gran debate. Los negacionistas la tildan de sobredimensionada y la estiman meramente aparente, al estilo de la flor mencionada. No hay más que intrincadas estructuras electrónicas que generan la ilusión de pensamiento. Los partidarios de la idea de Inteligencia Artificial, conciben que las máquinas son construidas por personas, pero una vez funcionando, piensan. El pensamiento puede ser diferente, como ocurre con un vehículo que transformando energía logra el movimiento, no aparente, sino real, aunque diferente del de las personas que lo han fabricado. Es tan genuino este movimiento, como lo es el pensamiento de un ordenador. Todavía más, no hace falta demostrar que esto ocurre, No es necesario demostrar que una luz ilumina o un coche nos desplaza, simplemente lo hacen; vemos que lo hacen. Pero, ¿qué ocurre con el pensamiento de una máquina? ¿por qué admitimos que es inteligente?

El pensamiento no es visible como la luz. Afirmar que el pensamiento está presente, no es nada fácil. Ni siquiera cuando se trata de un humano es algo obvio que cuando nos habla, lo esté haciendo pensando o actuando automáticamente. Por el contrario las máquinas pueden aparentemente pensar, aunque no lo estén haciendo. Una calculadora es comparable a la flor mencionada: tiene la inteligencia de quién la programó, pero nada piensa ni nada emerge de ningún pensamiento. Para atribuir con propiedad Inteligencia Artificial, hay que separar la de la máquina de la de quien la construyó.

Alan Turing aportó la evidencia de que si una máquina se comporta de forma inteligente, hay que adscribirle inteligencia. Hoy se queda un poco corto el criterio. Interactuar con una máquina no es como hacerlo con una persona, viéndola hablar, moverse, actuar. Es una visión parcial, como si un humano estuviera al teléfono. Es difícil discernir si nos está engañando y solo es aparente. El criterio de Turing requiere añadirle algo para discriminar si es real o no. Quizás sea tener claras las diferencias entre inteligencia natural y artificial. Desde luego, algo más que la simpleza de que la primera es la que tiene lugar en el cerebro humano y la segunda en la circuitería de una máquina.

Las dos inteligencias, natural y artificial están unidas por la palabra escrita. La Inteligencia artificial no imita al cerebro y al sistema nervioso, como indebidamente se ha dicho, lo que ha generado un enorme desencanto, sino que transforma, codifica y manipula el discurso escrito, como puntualiza Socolowski. Por otro lado, la inteligencia natural no solo está en el cerebro, no solo es una actividad orgánica, sino que está incorporada en las palabras escritas, en cualquier soporte. El nexo entre cerebro y ordenador es la escritura.

Cuando un pensamiento toma cuerpo en la palabra escrita, le hemos adscrito algo artificial. Cualquier anuncio que implica una indicación, no es cualquier cosa, ya que lo leemos y lo contestamos. Una indicación hacia el centro de la ciudad, cuando vamos en vehículo o sin él, es algo puesto por alguien responsable, que no tiene por qué estar presente, esperándonos para decirnos lo que indica, ya que puede dejar el signo que funcionará sin su presencia. Un signo es una comunicación de algo  a alguien, que sugiere una interpretación y una respuesta.

La Inteligencia Artificial pretende hacer algo más que la escritura, por cuanto pone en movimiento el pensamiento que está conectado con la escritura. Ya estamos siendo reemplazados, en gran parte, por la escritura. Dejando instrucciones escritas, me puedo ausentar aunque aquéllas podrán tener el mismo efecto que si estuviera presente. No hay ningún menoscabo al pensamiento, sino un enriquecimiento por ello. A través de la palabra escrita hablamos a otros, incluso a gentes del futuro. La codificación de la Inteligencia Artificial, no tiene porque menoscabar nuestro pensamiento. Seguramente, el hecho de poder otorgar determinadas dimensiones del pensamiento para que puedan ser tratadas electrónica y/o mecánicamente, nos deberá evidenciar aquellas otras dimensiones que solamente nosotros podemos ejecutar.

Históricamente, la escritura no solo reemplazó las actividades lingüísticas de las gentes antes de que apareciera aquélla, sino que permitió dar forma a cosas nuevas: hizo la Historia posible, propició actividades legales, económicas, políticas y estéticas. Amplió la inteligencia. La imprenta amplió la difusión, pero no alteró su naturaleza. Ahora podemos pensar que la Inteligencia Artificial  es una mera extensión de la escritura o una forma final de penetración de ésta en las cuestiones humanas. Un procesador de textos es un refinamiento de la imprenta, pero la Inteligencia artificial es algo más, porque aborda la tarea de corporizar el pensamiento, que ya se había logrado con la imprenta. Cabe interpretar que la escritura ha podido ser un prolegómeno del pensamiento electromecánico. El pensamiento se conforma con la escritura y la inteligencia se modifica cuando toma forma escrita y la escritura permite identificar cosas que no podíamos identificar antes de disponer de la escritura. La Inteligencia artificial puede transformar la escritura y en este sentido sería una inteligencia que no podría existir de otra forma. La fotografía de la imprenta en sus comienzos no podía ni incluir ni anticipar que Cervantes crearía una obra universal y singular. Del mismo modo, siendo la Inteligencia artificial una modificación/renovación de la escritura, es complicado prever las formas de florecimiento del pensamiento que puede traer de la mano. Las fotos del futuro habrá que esperar a tenerlas.

Gran cantidad de cosas del pensamiento son mecánicas. Estando bien informados, habiendo registrado relaciones apropiadas y aplicando inferencias dentro de lo conocido, podemos desenvolvernos. Este tipo de trabajo rutinario, solamente lo percibimos como tal, cuando la Inteligencia Artificial nos sustituye. Hay muchas facetas, desde el diseño, hasta el control, pasando por mediciones, correlaciones, tratamiento de leyes o estrategias diversas y centenares de otras actividades que son tareas codificables y tratar con reglas concretas. La Inteligencia Artificial nos puede liberar de tales tareas. Las máquinas con conocimiento e información almacenados  parecen pensar. Pero la auténtica foto del momento es la extraordinaria capacidad de almacenamiento y representación a que da lugar el que el conocimiento tome la forma de la palabra escrita. Esa es la foto que teníamos delante sin darnos cuenta de ello. De la misma forma que el cartel indicador tiene disponible el significado para todos y sobrevive a cualquier parlante individual, la Inteligencia Artificial hace flotar el significado, legitimando la inferencia y logra tomar cuerpo con manipulaciones complejas de carácter sintáctico. Ahí están las dos fotos, con sus diferencias, mientras que el signo no razona, sino que afirma, la máquina parece razonar. Razonamiento y representación ocurren en la máquina y la escritura. Y, finalmente, resaltar la foto inversa: mientras que el proceso natural fue pasar de la palabra hablada a la escrita, ahora el camino es el contrario de la palabra escrita a la hablada. En todo caso, se trata de fotos del pensamiento.