Fluorescencia de Matlalina por el Prof. Dr. D. Francisco García Carmona, académico de número

Columna de la Academia, publicada en el Diario la Verdad el 12 de marzo de 2016

Algunas moléculas sintetizadas en la Biosfera tienen capacidad fluorescente, es decir, son cromóforos capaces de absorber energía en forma de luz de una determinada longitud de onda y emitir parte de esa energía en forma de luz de mayor longitud; este fenómeno puede llegar a detectarse por simple observación cuando la luz que emite está dentro del espectro de la luz visible (400-750 nm).

La primera observación de una molécula biológica con fluorescencia, de la que se tiene constancia escrita, es la referencia realizada por el médico y botánico español Nicolás Monardes en 1565. Cuando en su libro titulado “Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina” describe la infusión que denomina Lignum nephriticum por su uso en dolencias del riñón. La infusión es obtenida de una madera particular traída de Méjico, conocida como “palo dulce”, y presenta un peculiar color azul brillante (fluorescencia) que describe de la siguiente manera “Toman el palo y hacen unas tajaditas muy delgadas y no muy grandes y echarlas en agua…dentro de media hora se comienza el agua a poner con un color azul muy claro y cuánto más va más azul se torna”.

Esta observación ya había sido descrita por Fray Bernardino de Sahagún en Códice Florentino (ca.1560−1575), quien en sus estudios etnográficos de Méjico la recogió directamente de los curanderos aztecas. Desgraciadamente, no pudo conseguir ver publicado su enciclopédico trabajo.

 

Este fenómeno intrigó a grandes científicos como Robert Boyle que en 1664 describió que el peculiar color azul se manifestaba de forma dependiente del pH, o a Isaac Newton que en 1672 incluye la observación de este fenómeno en sus esfuerzos para formular una teoría de la luz y el color.

El compuesto fluorescente recibió el nombre matlalina (de Matlali, palabra azteca que significa azul) pero su estructura química y síntesis no se aclaró hasta el año 2009 por un grupo de investigadores españoles del CSIC al frente del cual está el Profesor de Investigación D. Alberto Ulises Acuña Fernández. Cuando realizaron un extracto del palo dulce y encuentran que se obtenían de forma muy abundante unos raros y no fluorescentes compuestos denominados coatlina A y coatlina B e inesperadamente, se observó que a temperatura ambiente en una solución acuosa ligeramente alcalina coatlina B evolucionaba hacia un solo producto, emisor de luz azul, la matlalina.

El proceso era espontáneo y suponía dos pasos de oxidación con oxígeno molecular de dos estructuras de charconas orto-difenólicas que se estabilizaban mediarte reacciones intramoleculares y alguna adición de agua.