EXTINCIÓN por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico de número

Cada vez hay más elementos que nos indican que el cambio climático es ya tangible. Los fenómenos extremos parecen indicárnoslo y qué decir del disloque meteorológico. Los negacionistas harían bien en decir en qué datos fundamentan  su posición y cuál es el aval que exhiben. La cuestión es que no se piensa en el desequilibrio, que todo parece indicar que tiene una causa antropogénica.  Las evidencias son cada vez más abundantes. De subir el nivel del mar un metro, como estiman algunos que ocurrirá en este siglo, se verían afectadas hasta 100 millones de personas. De no controlar las emisiones de CO2, se estima que podrán desaparecer hasta un millón de plantas, muchas de ellas base, también, de muchos medicamentos que usamos en la actualidad. Osos, tigres, elefantes, y un largo etcétera, sucumbirán en un proceso de extinción que bien pudiera ser el más grande de cuantos ha habido en el planeta Tierra. La tasa de pérdida de especies, en la actualidad, supera a la observada y registrada en fósiles. No es ninguna broma la situación.

Por otro lado, la dinámica de los procesos naturales, hace que pensemos que la Sociedad no está preparada, ni es capaz de soportar mucho la realidad. Las pruebas que lo evidencian es que hemos sido los propios humanos los que hemos alimentado con la industrialización basada en combustibles fósiles, buena parte de las consecuencias, si no todas, las que ahora estamos empezando a ver que se desencadenan. No conocemos demasiado sobre la dinámica que imprimirá el cambio por el calentamiento global, por tanto, ignoramos la extensión temporal, incluso toda vez que cesaran las cusas que lo pudieron motivar. Por otro lado, las exigencias en el momento presente de reversión de las causas son de un rigor que pocos países son capaces de cumplir con las restricciones que supone. Aún más, caso de detener la producción de causas, no necesariamente se detienen las consecuencias. Las alteraciones climáticas desencadenadas, es posible que no puedan ser reversibles. Adaptarse es complicado de entender como solución posible. Aparte que, entenderlo no necesariamente está al alcance de muchos, ni a la comprensión de otros. Es importante incluir estos elementos en la ecuación que los bienintencionados formulan como posible salida a la comprometida situación por la que pasamos.

Los combustibles fósiles han alcanzado tal nivel de penetración en el mundo industrializado que ni los países productores pueden detener la producción por debajo de un cierto nivel, dada la dependencia de sus economías de la producción de crudo, ni los países consumidores podrían superar el impacto sobre sus economías y nivel de vida logrado. Hay que suponer consecuencias económicas, pero también políticas y sobre todo sociales, no cabe duda, de alcance difícil de estimar. Tampoco cabe duda de que todo lo que sea contención del consumo de hidrocarburos implica una disminución del nivel material de vida que afecta a muchas personas. Tal es el disparate que la Sociedad ha conseguido instalar.  Las salidas no se adivinan fáciles en ninguna dirección. La mejora de la sociedad en este momento no está nada clara. La probabilidad de éxito de cualquiera de las proposiciones que se formulan en el momento actual, si solamente contemplan la exigencia de la mejora ambiental deja a un lado las consecuencias de carácter político y social, en casos, en otros, empeoran todavía más la situación que puede ser irreversible. No es fácil tener la salida expedita para una mejora sustancial y razonable, como sería de desear. Pero, no es menos cierto que la radicalidad en esta cuestión, tampoco garantiza mitigar las consecuencias y salir airosos.

La Naturaleza ha sufrido una degradación y catástrofes ecológicas bajo regímenes políticos diferentes, unas veces por demasiado abuso en la implantación de tecnología y otras por el fundamentalismo de que la Naturaleza tiene que ponerse al servicio de lo humanizado. Lo cierto y verdad es que el resultado apreciable es que algunas especies como las ballenas desaparecieron, prácticamente, masivamente,  o están, en el mejor de los casos a punto de la extinción,  por capturas programadas, también en planes quinquenales, con penalizaciones previstas por incumplimientos de captura, al tiempo que en el mundo occidental muchas otras especies también están al borde de la extinción por la práctica de deportes absurdos o pura diversión.. Hay muchas otras extinciones a nivel global. Por otro lado, la imposición de restricciones a las clases trabajadoras supone consecuencias muchas veces inesperadas. El impuesto que Macron diseñó para el gas oil recientemente en Francia, incentivó la revuelta de los chalecos amarillos. Sin más comentarios. La imposición de costes a la clase trabajadora provoca, siempre, una reacción popular. Las restricciones alcanzan, indiscriminadamente a todos. Se propugna que la solución pudiera ser la que Mill propusiera en 1848, denominada Economía del Estado Estacionario. Aqui el progreso técnico no se emplea en la expansión de la producción y el consumo, sino en ocio y calidad de vida. Otra cosa es que pueda ser factible una economía sin crecimiento. Hay que contar con los populismos.

El crecimiento de la población humana sigue siendo un problema a escala planetaria, aunque localmente pueda haber regresión. Esta puede ser una razón de la extinción masiva a la que podemos estar abocados. Desaparecen, fundamentalmente, los hábitats naturales por la expansión humana. La Humanidad va arrasando la Naturaleza y cuando la población alcance el nivel previsible para este siglo, la Naturaleza estará tan depauperada que será incapaz de satisfacer las necesidades de una Humanidad tan numerosa, como ya predijera Stuart Mill.

La Ciencia y la Técnica deben clamar por doquier que estamos posiblemente en un punto de no retorno. Que lo vamos apreciando localmente. Que no hemos sido capaces de asimilar el progreso que la Ciencia ha propiciado. No hemos sido capaces de socializar el desarrollo. Vamos estando precisados de algo más que propiciar un desarrollo sostenible, como ahora se incide de forma generalizada. No está mal, pero quizás, tarde. Es probable que estemos en la emergencia de precisar una “retirada sostenible”, como apunta Lovelock ante la imposibilidad de realizar el sueño de “salvar al planeta”. Es probable que la Humanidad intente recuperar territorios arrasados echando mano de la tecnología para producir sintéticamente alimentos, entre otras cosas, porque habrá que rentabilizarlo todo, y liberar recursos para la lucha contra el cambio climático irremediable. Es probable que haya que optar en esa denodada lucha por la supervivencia. Quien no va a tener compasión es la propia Naturaleza, que no parpadeará si tiene que condenarnos a la extinción. Ya tiene práctoica en ello.

El ser humano piensa que tiene una preponderancia en la Naturaleza. Somos tan osados que muchos creen en la infalibilidad de la tecnología y la capacidad de control sobre la Naturaleza. Llega a tener nivel cultural. Pero, la realidad es que no hay ninguna especie animal que tenga asegurada su permanencia en este mundo. El hombre tampoco. El irremediable itinerario hacia la extinción, solamente se puede obstaculizar desde una conciencia individual y colectiva que acepte la realidad sin paliativos. No se trata de fatalismo desde la desesperación, sino de que el cambio climático es un hecho, provocado, buscado y consentido por una Humanidad irresponsable. Como científicos tenemos que emplearnos con decisión en una causa de alcance como es la concienciación de que si bien la Ciencia es capaz de subyugar hoy a mucha gente, desde una posición independiente de creencias y valores que quedan para otros niveles de conciencia. Se trata de que desde una realidad objetiva hay que abandonar las emociones subjetivas e imbuirnos de la convicción de que la Humanidad no puede transcender el mundo natural. El pensamiento realista debe convertirse en transversal, saliendo del baúl de los extinguidos. Su concurso es imprescindible. Nuestra conciencia debe abordar la realidad. Es la apuesta de John Gray, hoy catedrático emérito de Pensamiento Europeo en la London School of Economics.  Es obvio que la Ciencia permite la acumulación de conocimiento. La Técnica modifica la Naturaleza en nuestro provecho. Otra cosa, bien distinta es cómo se entiende esa transformación de la Naturaleza en nuestro provecho. Esto, casi siempre ocurre porque algunos el provecho lo ven en sus proximidades solamente y fuerzan  al resto a violentar las condiciones en las que el potencial progreso no apoya el desarrollo, que no puede aceptar en puridad consecuencias indeseables, tampoco para la Naturaleza. No podemos ser insensibles a la situación que atravesamos. La reflexión tiene y debe hacerse. Tomar conciencia puede ser la última oportunidad para evitar la extinción. La Naturaleza en una dinámica inevitable, no se va a detener en evitárnosla. Ha llegado el momento.