EXPERIENCIA Y EXPERIMENTOS por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Asi es si así os parece” es una pieza de teatro popular del dramaturgo italiano Pirandello, estrenada en 1917,  en la que escenifica el morbo por el prójimo. Viene a ser una parábola sobre la verdad, en equilibrio entre la curiosidad y lo desconocido. Critica “la intromisión en la vida de los demás” y el “rechazo a lo diferente” . Es una obra inspirada en un cuento siciliano “La señora Frola y su yerno el señor Ponza” en la que se narra cómo la normalidad de la vida que lleva un nuevo funcionario y su familia, suscita curiosidad que pretende ser satisfecha de inmediato y a toda costa por los demás. Básicamente, Pirandello pone en evidencia lo peligroso que es el creerse en posesión de la verdad. El arte de su autor articula un discurso que contiene capas que se van descubriendo poco a poco para lograr conocer los secretos que encierra.

 

Viene a cuento la referencia, por cuanto la Ciencia se comporta, en gran medida, como la parábola señalada. Por rutilantes que parezcan los avances científicos, siempre han sido graduales. Ciertamente alguien es capaz de ver más allá que los demás, pero mientras el sustrato científico no ha preparado el escenario, rara vez se propone algo que de improviso cambia el escenario. La sustitución de paradigmas es gradual. Incluso en casos, es difícil atribuir la autoría del primer genitor o impulsor. Puede parecer que se da en un momento dado, aun cuando con anterioridad haya habido una aportación que estableciera,  cual faro guía, por donde caminar para lograr establecer y afianzar un nuevo paradigma. El parabólico “así es si así os parece” hace el resto y nos mantiene en una versión desenfocada de los acontecimientos.

 

Se suele referir a Galileo como el primer genitor del método experimental. En realidad, es razonable que su origen se sitúe en la propia experiencia del ser humano, a través del estilo de vida que proporciona conocimiento y que, por tanto, es fácil suponer que se da de forma espontánea. En realidad, Galileo reintrodujo el método inductivo experimental, característico de las ciencias naturales, básicas para la Humanidad, al tiempo que evidenció que ciertos conceptos aceptados en su día eran contradichos por las pruebas experimentales.

 

Pero Roger Bacon, nada menos que en 1268, uno de los mayores pensadores de la Humanidad, ya fue un adelantado del método experimental. Era un monje franciscano, que aprendió de la denominada escuela sufí iluminista que existe una diferencia entre el acopio de informaciones y el conocimiento de las cosas, gracias a la experiencia. En su obra Opus maius,  escribió: “Existen dos maneras de saber: una que deriva de la discusión y otra de la experiencia. La discusión origina conclusiones que nos sentimos impulsados a admitir, pero no causa certidumbre ni despeja dudas para que la mente descanse en la verdad, cosa que sólo la experiencia otorga”. Es una doctrina sufí que en occidente se denomina método científico de procedimiento inductivo, en el que se basa la ciencia Occidental. La cuestión es que, en lugar de que se aceptara la idea de que la experiencia es necesaria en todas las ramas del saber, la Ciencia Moderna solo tomó la parte en la que lo central es el experimento, en el que el experimentador debe situarse lo más alejado posible del objeto de su experiencia.

 

Roger Bacon, no solamente puso en movimiento la Ciencia Moderna, como apunta Idries Shah, sino que al mismo tiempo transmitió una parte de la sabiduría en la que la Ciencia debió haberse basado. Es, en esta dirección que se ha creado una tradición parcial de la propuesta original de Roger Bacon, en la que se ha movido, de forma continua, el pensamiento científico. Justamente, pese a que el pensamiento científico hunda sus raíces en el pensamiento sufí, el deterioro de esa tradición ha impedido que el investigador científico aborde el saber científico por sí mismo, es decir por la experiencia, y no solo por el experimento. Todo experimento se realiza en el marco de la experiencia ya que, en el fondo, no es otra cosa que un conjunto de percepciones sofisticadas, pero no toda experiencia es un experimento. Así pues, Tanto Galileo, como mucho antes Roger Bacon son los que matizan la diferencia entre experiencia y experimento y eliminan la “experiencia” ingenua, como la que nos lleva a afirmar que es el Sol el que se mueve y no la Tierra. Es la Ciencia surgida con el Renacimiento la que distingue entre experiencia y experimento y dejan de ser sinónimos, al introducir la observación controlada y el uso de instrumentos para medir los fenómenos a través de la observación, limitando el término experimento a la observación regulada. “Así es, si así os parece”