¿Excelencia universitaria? por el Prof. Dr. D. Miguel Ortuño Ortín, académico de número

Si uno se fía de las noticias aparecidas en el último año sobre la excelencia de la Universidad de Murcia, llegará a pensar que se trata de uno de los mejores centros educativos superiores del mundo. Pero me temo que esto no es así en absoluto. Conseguir la mención de excelencia supuso obtener ciertos recursos financieros, que el Vicerrectorado de Investigación invierte de manera bastante razonable. Pero también debería haber supuesto el que las autoridades académicas hubieran emprendido una reforma de calado que modernizara nuestra universidad. En esta dirección creo que los retrocesos pueden ser incluso mayores que los avances. Citaré algunos ejemplos de elementos que no funcionan. En el Consejo de Gobierno hay 20 decanos (que no suelen destacarse por su interés en la investigación) frente a solo tres directores de departamento. La mayoría de los recursos, entre ellos las plazas, se reparten por Áreas de Conocimiento, que ya han desaparecido de la legislación y que se trata de campos científicos obsoletos, en muchos casos, y demasiado pequeños de forma que propician la endogamia. La Universidad de Murcia no se ha actualizado en este tema. La forma de elegir los tribunales que han de juzgar las plazas hace que el departamento tenga libertad casi absoluta de elegir al candidato que quiera. Las autoridades dirán que vigilan que el baremo se aplique adecuadamente y estoy seguro de que ello es así formalmente, pero esto no asegura que se contrate al mejor, y además las autoridades no presionan para que esto sea así. La normativa de segregación de departamentos es simplemente ridícula. Y, lo que es peor, nuestras autoridades académicas parecen tener un profundo interés en facilitar la segregación de áreas de conocimiento con poca productividad científica, como muestra la reciente aprobación del fraccionamiento del departamento de Física. Esta se ha llevado a cabo en contra de la mayoría de sus miembros, incluidos los más activos científicamente, que creen que con ello se rompe un modelo de auténtica excelencia. Además esta acción supone un gasto injustificado (por mucho que la versión oficial diga que es a coste cero) en un momento de crisis en donde, por ejemplo, se cierran los edificios en períodos vacacionales de los estudiantes, con el grave perjuicio que supone para la investigación. La excelencia universitaria no es solo cuestión de inversiones, requiere un cambio de mentalidad que evite la endogamia.