Estudios científicos o informes técnicos por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico de número

La sociedad reclama soluciones a los problemas ambientales. Las empresas y administraciones deben someter sus proyectos a estudios de impacto ambiental y las directivas europeas nos exigen valorar la calidad y el estatus ecológico de nuestros ecosistemas. Frecuentemente, a los grupos de investigación se les considera poco adecuados para realizar tales trabajos, bajo la premisa de que sus investigadores sólo están interesados en publicar en revistas o hacer tesis doctorales, cuando lo que necesitan las administraciones públicas son estudios técnicos y aplicados a problemas concretos. Con frecuencia aceptamos este hecho con resignación y se asume que las consultorías y empresas de estudios ambientales son quienes deben ocuparse de dichos problemas ya que no requieren hacer ciencia. Lo cierto es que la dicotomía estudio científico versus informe técnico es una falacia. Evaluar un impacto ambiental consiste, en última instancia, en responder a una pregunta: ¿se ha producido un deterioro significativo de un ecosistema como consecuencia de una determinada actuación humana? Esta pregunta requiere una respuesta clara. Si el daño existe, habrá que cuantificarlo, valorar sus consecuencias, introducir medidas correctoras regeneración y aplicar las sanciones correspondientes. En este proceso no puede haber ambigüedad porque ni podemos asumir daños ambientales que afecten a nuestra salud o hipotequen el futuro de todos, incluyendo los costos económicos que suelen acarrear, por el beneficio de unos pocos, ni podemos perder innecesariamente puestos de trabajo y riqueza. La especie humana tiene una gran capacidad para buscar respuestas. Básicamente contamos con dos aproximaciones, la filosofía, apoyada en la lógica, y la ciencia, mediante la aplicación del método científico. El objetivo de la ciencia es, precisamente, responder preguntas con el menor margen de error posible, evitando la especulación. De modo que para saber si una determinada actuación produce un impacto ambiental o no, no hay otro camino que hacer ciencia, seleccionando las variables relevantes que hay que medir para valorar la salud del ecosistema y diseñando la toma y análisis de datos que permitan diferenciar la variabilidad natural, de las alteraciones antrópicas. Lamentablemente, al descartar la aproximación científica porque «lo que se requiere es un informe técnico», los estudios se limitan a cumplir un pliego de prescripciones técnicas, sin plantearse la validez del trabajo. Como consecuencia, la administración toma decisiones erróneas, los datos generados son inútiles y el dinero invertido no sirve ni para aumentar el conocimiento y mejorar nuestra capacidad de tomar decisiones. La dicotomía no es estudios científicos o informes técnicos, sino si se responde a las preguntas o quedan sin responder.