Enfermedad de Alzheimer a nivel molecular: nuevos tratamientos farmacológicos por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico de número

La enfermedad de Alzheimer es una demencia senil neurodegenerativa que afecta a más de 25 millones de personas en todo el mundo y cuya incidencia irá en aumento conforme se incrementen los años de vida de la población. A nivel molecular se sabe que la acumulación de un péptido llamado Abeta ocasionaría las llamadas placas amiloides que se observan en los cerebros de las personas afectadas, y estas placas serían las que desencadenarían los efectos neurodegenerativos. Estos péptidos se originan por el corte de una proteína de membrana (la APP), que realizarían unas proteasas llamadas gamma y betasecretasa. Se cree que el proceso patológico sería consecuencia de un descontrol en la producción o en la eliminación del péptido Abeta. Admitido este mecanismo, se han formulado varios objetivos farmacológicos que son los que se están explorando actualmente. El primero de ellos es la prevención de la acumulación del péptido Abeta, mediante la inhibición o modificación de la actividad de las secretasas, dando péptidos más cortos y menos tóxicos, que es lo que hace el tarenflurbil. También se utilizan inhibidores de la agregación de estos péptidos, con moléculas tales como colostrinina. Ambas aproximaciones han tenido resultados prometedores en sus primeras fases de estudios clínicos. Un grupo de fármacos que, sorprendentemente, tienen efecto sobre esta patología son las estatinas, usadas para bajar la colesterolemia, aunque se desconoce su mecanismo de acción. También se ha observado que algunos antiinflamatorios no esteroideos protegen contra esta patología, al menos en modelos animales, y este es el caso de nitrofluriprofén, aunque pueden tener fuertes efectos secundarios gastrointestinales. Una importante observación reciente es que las placas amiloides pueden estar asociadas a peroxidación lipídica, y de hecho los lípidos peroxidados pueden catalizar la formación de placas. Estos procesos oxidativos pueden ir asociados a iones de metales pesados como hierro o cobre, cuya presencia puede además catalizar por sí misma la formación de placas. Por ello se vienen probando tratamientos con quelantes como clioquinol. Por último, se están usando inhibidores de colinesterasa, como talsaclidina o tacrina, que previenen la formación de placas. Varios de estos inhibidores se están sometiendo a ensayos clínicos. En resumen, la formulación de un mecanismo molecular que explica bastante bien la patología, ha permitido la formulación de una serie de pruebas farmacológicas, algunas de las cuales son muy prometedoras, y pueden permitir en la próxima década la prevención o incluso la cura en algunos casos, de la enfermedad de Alzheimer.