El xenón como propulsor espacial del siglo XXI por el Prof. Dr. D. Gregorio López López, académico de número

El xenón es un miembro de la familia de elementos químicos denominada gases nobles. Su nombre significa en griego “extraño” y se encuentra en trazas en la atmósfera terrestre (una parte por veinte millones). Se obtiene comercialmente por extracción de los residuos del aire licuado. El uso principal y más familiar de este gas es en la fabricación de dispositivos emisores de luz tales como lámparas bactericidas, tubos electrónicos, faros de automóviles, lámparas estroboscópicas y flashes fotográficos, así como en lámparas usadas para excitar láseres de rubí, generadores de luz coherente. Una aplicación más reciente es su utilización como gas de propulsión iónica para satélites. En octubre de 1998, en la iniciación del programa Nuevo Milenio, la NASA lanzó una nueva sonda espacial denominada Deep Space-1 (Espacio Profundo 1 o simplemente DS-1 por sus siglas en inglés), diseñada para ensayar una docena de tecnologías nuevas e inusuales con aplicaciones potenciales en las futuras exploraciones solares. Una de estas revolucionarias tecnologías fue un sistema de propulsión basado en iones xenón, diez veces más eficiente que cualquier otro utilizado con anterioridad a la misión DS-1. El sistema opera utilizando una fuente de energía solar capaz de ionizar el gas xenón contenido en una cámara que lleva en uno de sus extremos un par de rejillas metálicas cargadas a 1280 voltios. Al pasar por estas rejillas, se origina un haz de iones xenón a una velocidad de unos 145.000 km por hora. Es esta fuerza impulsora la que se utiliza para impeler la sonda DS-1 por el espacio. Como el combustible es gas xenón, y solamente se necesitan 81 kg para una misión de unos dos años, la sonda DS-1 es más pequeña y ligera que los ingenios espaciales utilizados anteriormente. La sonda DS-1 quedó fuera de servicio en diciembre de 2001. Durante sus tres años en el espacio, se ha podido ensayar un número considerable de nuevas tecnologías y ha demostrado el futuro potencial que tiene el sistema de propulsión con xenón. Pudo aproximarse al cometa Borrely enviando las mejores imágenes y datos científicos jamás obtenidos de un cometa. El hecho novedoso es la utilización de un motor iónico como motor principal de la nave en trayectorias interplanetarias. A diferencia de los propulsores convencionales que utilizan reacciones químicas, la aceleración de la masa eyectada se logra aprovechando las fuerzas que campos eléctricos y magnéticos ejercen sobre partículas cargadas eléctricamente.