El uranio

El uranio fue descubierto por el químico alemán Klaproth en 1789 en una muestra de pechblenda y le puso este nombre en honor al planeta Urano. A finales del siglo XIX los esposos Curie descubrieron el polonio y el radio, formados por desintegración del uranio. Poco después se empezaron a conocer otros elementos radioactivos y el complejo proceso de su desintegración. A partir del siglo XX las investigaciones atómicas han representado un enorme interés en las principales potencias para obtener y controlar la energía nuclear con todo lo que comporta en la industria armamentística. El uranio forma unos cien minerales, en su gran mayoría óxidos, junto a diversos carbonatos, fosfatos, arseniatos, vanadatos y silicatos, con una composición muy compleja y una riqueza generalmente muy baja (unos 5 gramos/t). Se encuentra en forma de mineralizaciones hidrotermales asociadas a yacimientos de sulfuros en rocas ígneas ácidas, pizarras o en fosfatos. El uranio aparece en tres isótopos radioactivos, el 234, 235 y 238; el segundo es el más importante, con una abundancia de sólo el 0,71 %, pero es la materia prima de las centrales nucleares y debe pasar por una serie compleja de procesos hasta obtener el uranio enriquecido. Son numerosos los países que disponen de una tecnología adecuada para lograr el control de la energía nuclear, que comporta sin duda gran número de riesgos. El uranio tiene una amplia distribución en todo el mundo, aunque los principales yacimientos se concentran en Canadá (con un tercio de toda la producción), Australia, Rusia, Níger, Zaire, Namibia, y Brasil. Los nueve reactores nucleares de España consumen unas 150 toneladas de uranio natural al año, de las que antes producía una cuarta parte en la planta salmantina de Ciudad Rodrigo, pero las explotaciones cesaron en el 2001. Se han iniciado nuevas prospecciones en Cáceres y Salamanca, las áreas con mayores posibilidades, a cargo de empresas canadienses y australianas, aunque hay otras provincias con mineralizaciones importantes. En conjunto, la producción mundial de uranio se acerca a las 35.000 toneladas anuales y las reservas conocidas permiten garantizar la producción por unos 100 años más, algo superior a la que se espera del petróleo. La intensa investigación actual de nuevos yacimientos de uranio posiblemente incremente las reservas de forma muy significativa, particularmente en Sudamérica y Rusia, aunque el mayor esfuerzo de los países implicados debería dirigirse al empleo de otras energías alternativas, particularmente las renovables, mucho más respetuosas con nuestro degradado Medio Ambiente.