El sexo de los Nobel por el Prof. Dr. D. Pablo Artal Soriano, académico de número

Respecto al titulo de esta columna, les explico que estoy comprobando si es cierto que incluir en el título la palabra “sexo” multiplica la audiencia. Aunque el uso aquí de la palabra es en la acepción que refiere al conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo, masculino o femenino. Y viene a cuento porque en esta semana se han desvelado los premios Nobel de este año. Además de Peter Higgs, famoso ya anteriormente por su “bosón”, otros siete científicos han sido premiados con tan deseado galardón. En total ocho científicos todos de sexo masculino. Que ninguna mujer haya sido premiada no es sorprendente porque tan solo 14 lo han recibido en la historia en las áreas científicas. El número asciende a 44 en todas las modalidades, incluyendo el del jueves de literatura a la escritora canadiense Alice Munro. Pero, por supuesto, aquí me refiero a los más de 600 nobeles científicos. La presencia de la mujer en la ciencia actual es mucho más importante que lo que indica estos datos. Una razón es que la edad media de los galardonados supera los 60 años por lo que de alguna manera el Nobel premia a lo que se ha hecho hace tiempo. Un caso, quizás extremo, es el del propio Higgs a quien se le premia por su trabajo de hace 50 años. Y la presencia de mujeres en la ciencia ha ido creciendo de manera gradual. Es por tanto esperable que la tendencia vaya cambiando en las próximas décadas. Una cuestión todavía abierta es saber si la ciencia y la tecnología siguen siendo hoy unos reductos masculinos. Si existe algún tipo de discriminación que impide a chicas brillantes abrirse paso en ese mundo. Mi impresión personal es que en general no es así. Aunque bien es cierto que, como en todas las profesiones que demandan una dedicación muy alta, las decisiones personales y familiares todavía favorecen a los hombres. Pero debo decirles que he pensado que quizás mi visión no sea totalmente correcta al saber de un estudio reciente que ha mostrado que los científicos sénior en las mejores universidades americanas tienden a contratar en sus departamentos a jóvenes científicos hombres frente a mujeres, teniendo ambos candidatos imaginarios un idéntico currículo. Por cierto, esa tendencia era la misma si las que contrataban eran mujeres. A pesar de esta mala noticia, estoy convencido de que el progreso de la ciencia en el inmediato futuro vendrá cada vez más de la mano de mujeres y esto a más largo plazo también cambiará el sexo de los Nobel.