EL PROBLEMA DE LA CORROSIÓN por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

En su forma más habitual la corrosión puede definirse como la degradación de un metal o aleación metálica debido al efecto de agentes oxidantes, como por ejemplo el oxigeno del aire húmedo. Esta degradación es debida a que todo metal muestra una tendencia inherente a reaccionar con el medio ambiente (atmósfera, agua, suelo, etc.) para volver a su forma nativa.

Un proceso de corrosión es por lo tanto un proceso natural y espontáneo. Esto implica que cuanto más energía es necesario invertir en la extracción del metal puro del mineral de procedencia, más fácilmente puede producirse la reacción de corrosión que da lugar a la formación de cationes metálicos, los cuales se combinan con oxigeno produciendo las temidas capas superficiales de óxido sobre los metales.

La corrosión produce importantes pérdidas económicas. Así por ejemplo, a los costes necesarios para la reposición de estructuras, tuberías, maquinaria, etc. que se deterioran por efecto de la corrosión, hay que añadir otros más difíciles de definir pero no menos importantes, como pérdidas de petróleo, riesgo de accidentes en oleoductos, paradas industriales por rotura de calderas…

En la actualidad, quizás no solo sea necesario investigar en el desarrollo de nuevos materiales, sino también seguir profundizando en los fundamentos de los procesos de corrosión con el fin de evitarlos. Este problema pone claramente de manifiesto la interdependencia entre la ciencia y la tecnología y la necesidad de detener dentro de lo posible, el desgaste gradual de materiales que puede conducir a la ruina total o parcial de las estructuras. Esto podría significar la destrucción de monumentos históricos u obras de arte, con la consiguiente desaparición de patrimonio cultural imposible de reparar.

Lamentablemente, a pesar de los avances científicos realizados en este campo, que permiten la protección o recuperación de una gran cantidad de materiales, la mayor parte de las veces se opta por deshacerse de ellos sin la menor consideración.

Ante esta situación cabria plantearse que, del mismo modo que la conservación del medio natural nos preocupa a todos y no cesan las peticiones para evitar la degradación del mismo, debería preocuparnos también conservar todo aquello para cuya obtención ha sido necesario consumir energía ya que, esto sería  otra forma de  ahorrarla y significaría que nuestra sociedad habría alcanzado un importante nivel de desarrollo.